Carta a la metformina (gracias por tanto)…

Cuenta la leyenda que en la península ibérica, específicamente en lo que hoy conocemos como España, entre los ríos Guadiana y Guadaira, cerca de Málaga y de Cádiz, existe un habitante ancestral en gran cantidad que ha acompañado a este planeta y a los seres humanos desde el principio de los tiempos: Galega officinalis ha existido desde siempre.

El porqué puede intuirse; el cuando, el cómo y el por quién empezó a utilizarse es todo un misterio. Un dato más, extraviado en el tiempo, ya que más da. Remontarnos a su uso documentado es hablar de épocas medievales donde era lo único a disposición para contrarrestar el arrastre de la diabetes.

La nostalgia se apodera de mí al pensar cuánto tiempo llevaba escondida en esas hojas lo que a la postre nos llevó a ti. Cuántos lustros y siglos habitando en nuestro mundo. Cuántas guerras y conquistas; imperios que nacieron y otros que se desmoronaron fueron vistos por este vegetal de tanta valía para el ser humano. Qué tan cerca pasó de las manos de un emperador o algún otro personaje famoso de la historia es algo que en realidad quisiera saber.

Pero no lo sé, así que sueño con las escenas en donde era preparada y administrada por los médicos de su época para tratar de remediar lo que en ese entonces era irremediable: la progresión de la diabetes y la consecuente muerte de quien la padecía.

La naturaleza, tan sabia, fue preparando palmo a palmo a Galega para dotarla de un poder envidiable. Los médicos de esa época no podían saber qué contenían esas hojas color verde. Eran incapaces de ver la revolución química que se vendría encima en unos siglos más. Una revolución que culminaría en la obtención de un derivado llamado clorhidrato de guanidina, el cual era sumamente potente para disminuir la glucosa en sangre de los animales en el laboratorio.

Tan potente, que ni la administración de glucosa por sus venas podía revertir ese efecto. Es 1914 y Sea como fuere, el conocimiento sobre Galega y su fama generacional, la mantuvo vigente el tiempo suficiente para tarde o temprano caer en las manos de la ciencia.

Esto no podía quedarse así, el empuje natural de la ciencia no lo habría permitido. En la búsqueda de alternativas menos tóxicas, la Galegina llegó y posteriormente la sintalina, para dejar el tercer puesto a la familia de las biguanidas que es a la que perteneces tú. Tú aparición en esta historia data del año 1922, por Emil Werner y James Bell, aunque de manera poco afortunada, pues pasaste desapercibida al coincidir tu aparición en este mundo con la de la insulina, que se convirtió en la estrella del momento.

En 1929, te describen como la más potente de todos los miembros de tu familia. Fenformina y Buformina, vale la pena decirlo, hoy con suerte son solo un recuerdo.

Sobra decir que te escribo con una sonrisa en mi rostro. No todos los medicamentos tienen esa habilidad en mí. Pocos cruzan la línea que separa el que sean de mi agrado, a que vayan conmigo todo el tiempo. A muchos de tus compañeros de cajas les encuentro un pero; a ti aunque te lo encuentre no me importa, me caes bien, incluso con los efectos esos secundarios que tienes. Para mí, eres una joya.

Eres el típico ser que va por la vida cultivando amistades, repartiendo sonrisas y haciéndole solo el bien a todos los que se cruzan en su camino. Nada te incomoda. Segura de ti misma a más no poder, los años que siguen transcurriendo desde aquel lejano 1950 donde el filipino Eusebio García notó que disminuías la glucosa de los pacientes con gripe que te ingirieron en su estudio (lo sé, suena raro, pero él creía que poseías actividad contra virus, bacterias, paludismo, etc., pero ¡qué importa!, señaló el camino) aumentan uno a uno tu valor. Si existiera una bolsa de valores de puras medicinas y su benéfica presencia en nuestras vidas, sería un gran accionista para ti: eres el mejor de todos los vinos; tu añejamiento es perfecto.

El francés Jean Sterne sabía, por otra parte, que tenías un gran parecido con la galegina, por lo que razonó que si está última disminuía la glucosa, tú también podrías hacerlo. La historia lo registra como el primer individuo que te usó específicamente para ese fin. Se mostró tan complacido con los resultados que publicó en 1957, que te bautizó con el nombre de “comedor de glucosa” (glucophage). En algún momento del futuro un laboratorio médico habría de comercializarte así. Tras estos resultados, el uso de populariza pero…

Es 1970 y los efectos secundarios de metformina y sus hermanos han provocado un odio generalizado. Es cuando fenformina y buformina habrán culminado su paso por el mundo y serán retirados del mercado para siempre. Canadá te apoya 2 años después.Tras haberte expulsado en 1977, en 1995 Estados Unidos te acoge de nuevo.

Es historia, y te absolvió. Eres muy noble, y muy sincera: “no me administren a futuras mamás ni aquellas que amamanten a sus hijos”. Si la diabetes ataca durante el embarazo, eres la primera en decirnos que utilicemos insulina en tu lugar. Ya habrá tiempo para contrarrestarla en un futuro junto a tu mejor amiga.

No te la juegas, no necesitas que se ponga en riesgo la vida de nadie: si hay un daño en el hígado previamente diagnosticado, pides que no te usen. Lo mismo pasa con el riñón: eres contundente cuando dices que una velocidad de filtración glomerular de menos de 60 mls/minuto que ubicaría un daño en grado III no deberían ya utilizarte. Respiratoriamente, eres incompatible con cualquier estado donde esté comprometida la oxigenación de quien te tome, pues favorece la aparición del más temido de tus efectos secundarios: la acidosis láctica. Causa de muerte en mayor medida con tus dos hermanos mayores ya retirados y olvidados, contigo no existe cuando elegimos adecuadamente al paciente. En lo que a mí respecta, te recetaré toda mi vida.

Puedes ser pesada con el estómago, provocar dolores abdominales, diarrea, o incluso vómito si se toma una dosis elevada de inicio. Hay que aumentarte poco a poco, y si no fuera posible, ya existen preparados de liberación prolongada. Tu dosis máxima son 3 gramos al día. Niños mayores de 10 años pueden utilizarse y si el preparado es de liberación prolongada, mayores de 17.

Han pasado más de 30 años, y tu potencia es idéntica a la de los preparados que han surgido después de ti (linagliptina; saxagliptina; sitagliptina; pioglitazona). No te superan. Las limitaciones económicas de ningún paciente le impiden recibir lo mejor. Pero para ser insuperable te faltaba dar un paso al frente, pero no te mediste…

Es 1998 y el “UKPDS” (sí, ese estudio sobre diabetes que es sagrado para todos los clínicos) nos enseñó que los pacientes que te habían estado recibiendo disminuyeron de manera dramática sus posibilidades de experimentar una embolia o un infarto. Nos enseñaste que más allá de bajar la glucosa también dabas gratuitamente ese beneficio, y pasaste a ser el primer medicamento obligado a dar para pacientes con diabetes mellitus tipo 2. Gracias a ti no hay otra opción: todos los medicamentos que salgan de un laboratorio de investigación deben demostrar que también otorgan ese beneficio, si no, no nos sirven.

Cuatro años después, en el 2002, demostraste en el estudio “Diabetes Prevention Program” (DPP) , que tienes la habilidad de retrasar o prevenir la aparición de la diabetes. Si no te lo han dicho, te lo digo yo: eres increíble.

Una medicina que disminuye la glucosa, también el riesgo de infartos en los pacientes que te consumen y evitas que la prediabetes se convierta en diabetes.

Un medicamento que ha probado ser de utilidad en síndrome de ovario poliquístico y en la obesidad.

Una medicina que hoy muestra indicios de ayudar a tratar incluso el cáncer, aunque los hallazgos sean prematuros para albergar esperanzas.

Cuando sea complicado disminuir la glucosa, o un riñón enfermo te haga dudar de lo beneficiosa que eres para este mundo, acude nuevamente a esta carta, porque te diré algo que estoy seguro alimentará tu ego cuando lo necesites: prácticamente de tu manera de funcionar a todos los niveles del cuerpo humano aún hoy, no sabemos nada. Eres un enorme misterio. Y en cierta parte, me da gusto.

Galega officinalis le dio al mundo su mejor carta, a cambio de guardarse muchos secretos.

Un trato justo.

Nada mal para una planta que hizo lo que pudo contra la diabetes desde el siglo 17, y con su regalo nos dio las armas para iluminar el camino hacia poder resistirla.

Cuídate. Te llevaré a diario en mis recetas.

Dr. Luis Enrique Zamora.

Tú médico internista.

Fuentes:

Martínez MG: La metformina y sus aplicaciones actuales en la clínica; Medicina Interna de México 2014.

Inas Thomas, Brigid Gregg: Metformin; a review of its history and future: from lilac to longevity; Pediatric Diabetes 2017.

Eduardo Setti. En búsqueda de la longevidad:la historia de la metformina; Blog de ciencias de la salud 2016.

Google: imágenes.

Wikipedia: metformina.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2017 Luis Zamora Angulo

Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. Te acercaré a la medicina como nunca antes lo has visto. Lo que aprenderás en mi blog te será útil todos los días. Tal vez no te guste enterarte de todo lo que leas, pero cambiará tu vida, te lo aseguro.

¡Si te gustó comparte!

Dr. Luis E. Zamora

Dr. Luis E. Zamora

Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. Te acercaré a la medicina como nunca antes lo has visto. Lo que aprenderás en mi blog te será útil todos los días. Tal vez no te guste enterarte de todo lo que leas, pero cambiará tu vida, te lo aseguro.

¡Deja un comentario para la posteridad!

A %d blogueros les gusta esto: