Carta a la fluoxetina: (Porque gracias a ti, moví el mundo)…

¡Si te gustó comparte!

Hoy me he sorprendido sonriendo, cuando al final de mi consulta, te tomo entre mis manos, extrayéndote de una bolsa de plástico donde mi paciente te guarda junto a otras cajas. Es un instante. No puedo resistir abrirla para extraer el blister donde reposas en forma de cápsulas, y aunque la respuesta ya me la sé de memoria, volví a preguntarle a él, a quien acompañas a casa cada día desde hace más de dos meses gracias a mi recomendación, cuánto le has costado. Busco experimentar de nuevo, por enésima vez, el placer incuantificable que siento cuando sopeso los beneficios que le has dado a cambio de tu ínfimo precio. Cumples cabalmente aquella frase que Arquímedes dijo con la cara erguida: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”.

Hoy te dejaron olvidada en mi consultorio, y sé que en unos minutos más estarán de vuelta tus dueños, y nos separaremos, al menos físicamente. Nos despediremos, pero mientras tanto disfrutemos este íntimo momento, nos lo merecemos. Hemos pasado uno al lado del otro tantas veces en la vida, que hoy saldaremos las cuentas que nos debemos. Saldrás de aquí orgullosa y radiante, te lo prometo.

Hoy que miras hacia atrás, todo parece un sueño, como siempre pasa con las grandes historias. Perdámonos en el tiempo, por un solo momento, mi querida Fluoxetina.

Quiso la vida que dentro de nosotros existiera un aminoácido llamado triptófano, y que a través de un complejo proceso bioquímico este terminase convertido en algo llamado 5-hidroxitriptamina, conocida hoy simplemente como serotonina, descubierta a finales de la década de los 40. Sustancia prolífica producida en nuestro cerebro y principalmente en nuestros intestinos, que hoy sabemos que también influye a nivel de las plaquetas, del apetito, los huesos, y la función sexual de los seres humanos .Un gran descubrimiento, con varios años de por medio entre lo ordinario y lo extraordinario.

No me lo vas a creer, pero por ese entonces, la tuberculosis, esa ancestral enfermedad que ha cobrado tantas vidas a lo largo de nuestra existencia como civilización, le jugó a los médicos una afortunada broma: Era 1952, y una nueva droga llamada iproniazida, luchaba ferozmente contra ella. Nadie sabe el día ni la hora en que se percataron por primera vez de algo desconcertante, algo que en medicina no pasa todos los días, y era precisamente que muchos de los pacientes tratados con ella se volvieron repentinamente “felices”, cenaban mejor y bromeaban demasiado, incluso el sueño nocturno había regresado. ¡Habían dado accidentalmente con un antidepresivo que sería de los primeros de los del grupo de “Inhibidores de la Monoamino oxidasa”!. Tu primer ancestro, tu derecho al mundo.

Al mismo tiempo, en 1954, la reserpina, un alcaloide que había sido aislado 2 años antes, causaba estragos entre las personas que la recibían para controlar la hipertensión arterial: desde mantenerlos dormidos hasta volverlos más agresivos, (de hecho ya no la usamos ahora tanto debido a muchos efectos secundarios), pero quedaba claro que algo pasaba en el cerebro que la recibía y era que disminuía las cantidades de adrenalina, entre otros neurotransmisores. Reserpina e Iproniazida no nos dejaron opción: podíamos hacer algo por el mundo, solo había que entender cómo funcionaban en el cuerpo humano.

6 años después, para 1958, y con una modificación química ligera, Iproniazida estaba en el mercado con un efímero éxito: muy buena contra la depresión pero con muchos casos de toxicidad hepática traducidos en ictericia (coloración amarillenta de la piel) y hepatitis. Un adiós prematuro y doloroso, debido a una incompatibilidad química con nuestro organismo. Tomó sus maletas y se marchó, sacrificándose como buena madre para que de ella surgieran otros antidepresivos mucho menos tóxicos como isocarboxazida, fenelzina, y tranilcipropina, el resto de inhibidores de monoamino oxidasa, que tampoco eran unos santos inocentes. Iniciaba un camino directo a un mundo por descubrir. Inocente la humanidad que no lo sabía.

Había antibióticos; ya algún antihipertensivo, pero Las personas no sabían, no tenían ni idea. Me emociono tanto…

Gracias a lo que te he dicho, entre los escasos medicamentos que se utilizaban contra la depresión, y las investigaciones, en la década de los 70´s había quedado de manifiesto que la serotonina influía en el estado de ánimo, y que aumentar la cantidad de la misma en el cuerpo podría ayudar a aquellos que tuvieran esta enfermedad, por lo que los esfuerzos para obtener algún medicamento que se apoyara en esta teoría empezaron a tornarse más seguros a cada paso, tanto, que para 1971, aterrizaste en el mundo con el nombre de “LY110141” (no me mires así, así te llamaron, qué quieres que haga), mismo que sería cambiado por el definitivo y bello “Fluoxetina”. En 1977 te presentan oficialmente y 10 años después la FDA permite que seas usada con fines comerciales. Tus padres fueron Bryan Molloy y Robert Rathbun, encargados de dirigir estas investigaciones, y a partir de 1987, me he quedado sin palabras…

No te me adelantes: Eli Lilly, la compañía que te sintetizó, pensó en ti primariamente como un agente contra la presión arterial elevada, luego como una droga contra la obesidad, y hasta en personas que padecían brotes psicóticos: nada encajaba, nada mejoraba. A alguien se le ocurre probarte en 5 pacientes con depresión moderada, y al fin, después de tantos tumbos, les cambiaste la vida. Aires de triunfo empezaron a correr a tu favor. Encontraron un nombre “pegajoso” y simpático, y bajo la premisa de una sola pastilla al día, “Prozac” salió al mercado. Un mundo que vivía bajo el miedo de ser adicto al valium te estaba esperando. Sé que recuerdas aquel día; es parte de tu historia.

No sé cómo explicártelo: fuiste un milagro. Antes de tu llegada nadie hablaba de depresión, (aunque sabían que existía), y un tratamiento contra ella significaba ir a una clínica psiquiátrica, con la única posibilidad de recibir algo de diazepam (valium), o alguno de los otros compuestos derivados de la Iproniazida que ya te conté, y que hoy te puedo decir que no sería lo mejor.

No puede haber otra medicina que haya sido recibida con tanto cariño por la gente: es 1988, un año después de tu llegada, y ya has sido recetada más de 2,469,000 veces; para el 2002, esta cifra alcanza se elevaría a 33,320,000 prescripciones y en el 2012, los antidepresivos serían el 3er. tipo de medicamento más recetado en el mundo. No exagero cuando digo que llegaste a cambiar todo. Cualquier médico tenía un arma confiable que no generaba adicción en la lucha contra la depresión.

En el 2001, Prozac perdió su patente y en un solo día Eli Lilly también perdió 35 millones de dólares, reemplazando con Cymbalta a su entonces producto estrella; te jubilaste de los momentos estelares, pero dejaste recuerdos imborrables en los corazones que hoy perduran y arden continuamente. Ninguno de los que te han seguido ha logrado superarte claramente en resultados contra la depresión, aunque tengan algunas ventajas en otros frentes y en sus perfiles bioquímicos. Nada me ha hecho olvidarte, y dudo que lo lleguen a conseguir. “Prozac” para mí es un nombre que me llevaré a la tumba, feliz de haberlo tenido entre mis manos, de haber existido en la misma época.

     

Te enfrentas diariamente al trastorno depresivo mayor, al trastorno de pánico y al trastorno obsesivo compulsivo, bulimia y trastorno disfórico premenstrual. Conoces muy bien a los demonios que te enfrentas: son horribles y traicioneros; son un lastre. Jamás podremos agradecerte lo suficiente que seas tan valiente. El terreno en donde luchas no es apta para aquellos con un corazón pequeño. Te sobra desde siempre.

Eres un hito: El “Cambridge Advance Learner´s Dictionary” te utiliza para definir a alguien excitado y feliz con un “he is on Prozac”, lo que me ha provocado una gran sonrisa; no recuerdo la última vez que escuché que otro medicamento estuviera incorporado de tal manera al lenguaje. Te lo mereces.

Interactúas con el cerebro de una manera muy compleja, y la seguridad en el embarazo no es tan clara como otros medicamentos, quedando relegado solamente si los beneficios superan los riesgos, y lo mismo se interpreta al amamantar a un bebé. Si has hecho el milagro y le has cambiado la vida a mamá, no deberíamos retirarte si no hay una mejor alternativa. Afortunadamente vivimos una época de múltples posibilidades: es difícil que se dé ese escenario.

Aunque eres maravillosa, no siempre alcanzas por ti misma a mejorar al paciente, y debo tener cuidado al combinarte con otros medicamentos de la misma familia que tú (inhibidor de recaptura de serotonina), pues podría provocar algo llamado “síndrome serotoninérgico“, que en contadas ocasiones podría ser muy grave.

Vives mucho tiempo en la sangre antes de despedirte del cuerpo, lo que puede hacer que si alguien olvida tomarte uno o dos días, no te eche de menos, o por otra parte, aumentar la posibilidad de efectos secundarios por combinar tus restos con algún nuevo antidepresivo que inicie un paciente. Nunca me permites olvidar que la medicina es como un arte: hay tantos secretos encerrados en una tableta o una cápsula. Gracias por compartirlos conmigo.

Si hay insuficiencia renal grave o cirrosis hepática solo puedo usarte cada 48 hrs, debo ser cauto. Tu dosis máxima son 80 mgs al día, aunque nunca nos hemos conocido tan a fondo. De cualquier modo, es bueno saberlo, y se lo diré a mis estudiantes.

Hoy es motivo de controversia si realmente combates la depresión a través del aumento de la serotonina en el cerebro, y más de un atrevido ha dicho que no sirves, que eres un invento, que eres un negocio. Pobre diablo, como si seguramente lo supiéramos todo; no sabe de lo que eres capaz, no ha visto la reconstrucción de historias que surgen de las ruinas de la depresión, pero yo sí.

Gracias a ti él dejó de llorar frecuentemente.

Gracias a ti ella pudo dormir por la noches.

Gracias a ti, ella recuperó a sus hijos, y a su familia.

Gracias a ti, la vida de millones de personas recuperó en sus páginas tanto color.

Nadie podría pagarte tanto.

Cuenta la historia que Arquímedes (287 a. C.- 212 a. C.), dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”.

Tú eres mi punto de apoyo.

Han llegado tus dueños. Nunca olvides esta tarde.

Dr. Luis E. Zamora

Médico Internista.

¡No te quedes ahí parado!, ¡Comparte!.

Bibliografía:

Wikipedia: Serotonina.

Wng, DT: Case history: the discovery of fluoxetine hydrochloride (Prozac); Nat Rev Drug Discov. 2005 Sep;4(9):764-74.

Moore, Anna: Eternal sunshine; The Guardian 2007.

Flavio Guzmán, MD: The Psychopharmacology of Fluoxetine: An Illustrated Review for Prescribers; Psychopharmacology Institute.

Siddhartha Murkherjee: Post-Prozac Nation The Science and History of Treating Depression; The New York Times Magazine april 9 2012.

Wikipedia: Iproniazida.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2017 Luis Zamora Angulo

Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. Te acercaré a la medicina como nunca antes lo has visto. Lo que aprenderás en mi blog te será útil todos los días. Tal vez no te guste enterarte de todo lo que leas, pero cambiará tu vida, te lo aseguro.

¡Si te gustó comparte!

Sobre Dr. Luis E. Zamora 50 Artículos

Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. Te acercaré a la medicina como nunca antes lo has visto. Lo que aprenderás en mi blog te será útil todos los días. Tal vez no te guste enterarte de todo lo que leas, pero cambiará tu vida, te lo aseguro.

1 Comentario

¡Deja un comentario para la posteridad!