La última navidad de un estudiante de medicina:

Si aún estás en la universidad, obviamente esto significa que no has entrado a tu internado. Si estás en tu servicio social, podrías saber de lo que hablo, o tal vez no.

Estamos acostumbrados a vivir al lado de los nuestros; han sido tantos años ya conviviendo juntos que inconscientemente asumimos que siempre estarán ahí, en la misma mesa, en los mismos cuartos, interactuando con nosotros por toda la vida.

En el nido, parece todo tan ordinario. Pocas veces reparamos en lo transitoria que es nuestra etapa al lado de los que nos criaron. Pocas veces valoramos el rechinar de esa cama, el mueble viejo, el aroma de la comida de casa, la puerta que acusa el paso de los años; el perro que nos recibe, despide y acompaña desde hace años.

Pocas veces valoramos a las personas que le dan vida a esa puerta, a esa casa, a ese cuarto. Asumimos como inmutable el que hermanos, padres o abuelos estarán siempre, e incluso, buscamos alternativas para pasar fechas tan especiales, para “romper la rutina”, en esta u otras fechas. Siempre pasa.

Pero no es inmutable, no es eterno, y se irá.

La medicina te dará muchas cosas, pero te aseguro que te quitará otras. Atenta rápido contra los más sagrado que tengas alejándote de los que quieres, sin importar cómo te sientas al respecto.

Serás un gran médico, pero en tu anecdotario siempre estarán los cumpleaños que festejaste sin ellos, las navidades o años nuevos, los días de las madres…todo.

No sé si alguna vez lo has presupuestado, pero la última navidad que tengas antes de entrar a tu internado o a tu especialidad médica (suponiendo que hayas cursado tu servicio social cerca de casa), será efectivamente la última.

Esa última podría ser mañana. A partir de entonces iniciará un viaje vertiginoso que no te dará tregua alguna: serán comunes los festejos apresurados, para al día siguiente cuando todos duermen madrugar y dirigirte a tu hospital, tal vez en otra ciudad. Las enfermedades, los pacientes y los hospitales no cierran, no cesan, y no podemos darnos ese lujo. Si tu esperanza es que una vez terminando tus estudios, ya como médico a cargo, podrás recuperar esos 4 o 5 años perdidos con tu familia, te equivocas: deberás cubrir esos días, permitiendo a quien llegó mucho antes que tú poder hacer eso precisamente que tú no puedes: recuperar tiempo.

Será común tu ausencia o la presencia de tus padres o parte de la familia en donde estudiarás, pero la plenitud presencial difícilmente se alcanzará. Los lazos familiares nunca se romperán pero los recuerdos de esos festejos empezarán a adquirir vida propia, y habitarán en tu mente cada vez con más frecuencia, avivados por tus imposibilidades.

Tal vez mañana sea la última vez donde tengas la calma de grabar con fuego en ti cada rincón de tu casa, cada grado centígrado de calor de ese hogar que te formó. No lo desaproveches. Róbalo, y hazlo tuyo para siempre.

Vive esta navidad como nunca, y llénate de la energía que te impulse en los años por venir y en los momentos difíciles que estarán presentes en tu carrera. Te aseguro que los habrá.

Alguna vez te darás cuenta, que nada era monotonía cerca de los tuyos, ni en aquella casa, que te vio crecer.

Cada puerta, cada ventana y cada piedra, tenía una razón de ser y de existir. Su plusvalía aumenta, a cada minuto que transcurre una vez que nos hemos ido de casa, tal vez para siempre.

Feliz navidad, médico.

Dr. Luis E. Zamora.
Médico Internista.

Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. Te acercaré a la medicina como nunca antes lo has visto. Lo que aprenderás en mi blog te será útil todos los días. Tal vez no te guste enterarte de todo lo que leas, pero cambiará tu vida, te lo aseguro.

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Dr. Luis E. Zamora

Dr. Luis E. Zamora

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