La canción que la Tuberculosis le dio al mundo:

“No es falta de cariño… Te quiero con el alma…”

Así, desde hace más de 70 años, reza la estrofa más desgarradora de uno de los boleros más famosos y admirados de la música, ese que ha conquistado los corazones de todos aquellos que aman, o han amado.

En un archipiélago del Mar Caribe, a 2,550 kilómetros de distancia de la ciudad de México, se encuentra en medio del océano la siempre antigua y nostálgica isla de Cuba, de donde siglos atrás los españoles partirían en 3 consecutivos viajes para poner pie en tierras aztecas. Quiso el tiempo y la vida que de ese pequeño pero intenso país surgiera para la inmortalidad la canción que porta tan dolorosa frase, y que ha sido cantada por cientos de miles de personas desde los inicios de la década de los 40´s.

En la provincia de Pinar del Río, una de las quince en las que está dividida Cuba, nació un 22 de febrero de 1920 el compositor Pedro Junco, en el seno de una familia de buena posición económica. Sensible desde pequeño, fue absorbiendo los olores y las imágenes cotidianas de su adorada isla caribeña, que no escatimó en regalarle cientos de atardeceres dorados y añejos, dotándolo de un encanto único, que lo convertiría en un irresistible Don Juan y un prolífico compositor desde su adolescencia. Cuentan sus amigos que alguna vez Pedro escribiría en un diario: “se me juntaron 3 novias”. Un recalcitrante cubano.

Pero todo cambió una mañana cuando Junco vio pasar por la calle a la joven María Victoria Mora Morales, originaria de un pequeño pueblo llamado San Juan y Martínez, de la misma provincia de Pinar del Río, de quien se enamoró al instante. Prendado de su belleza y su largo cabello negro, Pedro se acercó a ella y con el tiempo iniciaron a escondidas una intensa relación, con la que el padre de María no estaba de acuerdo, debido a la fama de enamoradizo y bohemio que su yerno tenía. Esta adversidad a pedro no le importaba: era el hombre más feliz sobre la tierra, excepto por una cosa que lo preocupaba más que nada en el mundo: Poco antes de conocer a María, los médicos de su provincia le habían diagnosticado tuberculosis.

Una epidemia de la ancestral enfermedad arrasaba la isla y Pedro resultó contagiado en septiembre de 1942; bíblica plaga que en ese momento no disponía de cura alguna. Cierta mejoría lo haría guardar silencio, pensando quizás que tenía la esperanza de curarse, sin embargo esto no sucedió.

Los accesos de tos y la sensación de dificultad respiratoria se fueron agudizando, hasta que los médicos le indicaron que era necesario aislarlo completamente debido al alto riesgo que tenía de contagiar a quienes lo rodeaban. Pensando en María más que en nadie, aceptó.

Lo que hoy se conoce como el Policlínico Universitario Rampa (inaugurado en 1967), recibió a Pedro cuando todavía se conocía como la Clínica “Damas de la Covadonga“, en el antiguo Barrio de “El Vedado”, municipio Plaza de la Revolución, de la vieja Habana. Ahí recibiría su tratamiento contra la tuberculosis, o mejor dicho lo que se podía recibir, y también (probablemente fuera consciente de ello), le llegaría su trágico final.

María súbitamente no supo más de él, y sufriendo profundamente la repentina ausencia del ser amado, atormentó implacable el alma y el recuerdo, cada noche desde la primera. Lejos, en profunda soledad, Pedro se lamentaba también de lo amargo de su suerte. Consciente de que no había mejoría y que el padre de María estaba atento a la correspondencia que recibía su hija, decidió volcar en una hoja de papel la tormenta de sentimientos que lo consumían y escribió la famosa canción a la que tituló: “Nosotros”, Tiempo después, los versos atravesaban la ciudad para llegar a la radiodifusora, donde sería interpretada y transmitida en el programa que a su amada le gustaba. La canción se estrenó en febrero de 1943.

Pedro continuó empeorando, hasta que solo el oxígeno otorgado por los tubos de plástico en altas cantidades lo mantenían con vida. Siempre con María en su mente, su cuerpo no resistió más el castigo y murió el 25 de abril de 1943 a las 23:00 hrs., con su hermana a su lado, quien al verlo empeorar había ido por el médico de guardia y al volver, todo había terminado. Pedro Junco se había marchado de la vida, pero irónicamente había hecho suya la inmortalidad.

Cuentan los ecos de la Habana y de Pinar del Río que cuando María se enteró finalmente de la situación, se las ingenió para acudir al lado de su gran amor, pero no lo logró a tiempo: Pedro murió 3 horas antes de su llegada.

La canción, obra maestra desprendida del dolor, fue cantada por un coro el día de su sepultura, un grito desesperado y un sacrificio fuera de este mundo a cambio del bien de un gran amor, su gran amor.

No era falta de cariño…

Era Tuberculosis.

Dr. Luis Enrique Zamora.

Médico Internista.

Bibliografía:

“Nosotros”: Una tragedia hecha canción; Milenio 2015.

Luis Rondón: La triste historia del bolero de “Nosotros”; La hemeroteca de Luis Rondón – Portal informativo venezolano 2012.

“Nosotros”, un bolero inmortal; Suenacubano.com 2014.

Marina Cortés: “Nosotros”, el bolero que nunca ha dejado de cantarse; Primera Revista Digital de Cuba 2013.

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Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. Te acercaré a la medicina como nunca antes lo has visto. Lo que aprenderás en mi blog te será útil todos los días. Tal vez no te guste enterarte de todo lo que leas, pero cambiará tu vida, te lo aseguro.

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Dr. Luis E. Zamora

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