lun. May 20th, 2019

Carta al omeprazol (nuestro héroe de guerra):

En algún lugar del mundo un omeprazol lucha por ti.


Estuve pensando si esto estaba bien. Han sido tantos los malos ratos que me has hecho pasar que ciertamente no creí que merecieras la visita del cartero. Una sensación de injusticia se apodera de mí mientras pienso en tu sonrisa burlona al empezar a leer estas lineas. “¿No que no?”, seguramente piensas. Tengo sentimientos encontrados: sí, sí te las mereces. Siempre te las has merecido. Dentro de mí sabía que algún día lo haría. No, no te confundas, te respeto mucho, y a pesar de que no seas mi gran consentido siempre lucho porque te den tu lugar, y te respeten. Tu camino no ha sido fácil. (Me pregunto el de quién sí).

Es el año de 1972, y dentro del cuerpo de una rana, la medicina encuentra algo que la cambiará eternamente: Gansejl y Forte, pareja incansable de investigadores han confirmado la existencia de la bomba de protones encargada de producir en la membrana de las células parietales del estómago el ácido clorhídrico. Ese que a veces vomitamos y sentimos como quema la garganta. Era la última frontera en donde se producía. Se había identificado un sitio en donde podía actuar algún medicamento para inhibir potentemente esa producción y combatir el síndrome de Zollinger-Ellison (una enfermedad en donde un tumor llamado gastrinoma producía sin cesar el ácido sin darle respiro al estómago, al que finalmente llevaría a ulcerarse, sangrar y por último a la muerte al paciente).

Sin posibilidad de dar marcha atrás, se diseña un único plan con un objetivo claro y brutal que no admite fallos: debemos obtener ese fármaco. “Si es como pensamos, los efectos secundarios podrían ser mínimos”. Puedo escucharlos mientras lo dicen, al clavar la vista en la pared que tengo frente a mí mientras te escribo. No lo saben pero están a punto de encontrarte. Me invade la emoción. Es un lujo sentir eso sí ya sé que sigue en la historia. Me lo doy.

Nace lo que pocos conocen hoy como el “Acid Secretion Project”. La búsqueda es incesante. Jornadas sobrehumanas donde se estudian todas las posibilidades que involucran la producción fisiológica del ácido y encuentran en algún punto al bencimidazol (¡un fragmento de la vitamina B12!) que está involucrado en lo relacionado al factor intrínseco existente en el jugo gástrico. Increíble realmente. Quien esté leyendo esto hoy sabe que vienes de la vitamina B12.

Mientras tanto, en otro frente, sigue siendo 1972, y unos franceses que buscaban compuestos antibacterianos presentan un compuesto llamado CMN-131, que independientemente de las bacterias, poseía de efecto la disminución en la producción de ese jugo pero era demasiado tóxico.

Este compuesto fue tomado por el Acid Secretion Project y fue depurado hasta caer al ya mencionado bencimidazol. No me agradezcas por favor aclararle al mundo que no eres solo una simple tableta. ¡Tienes historia!; ¡heroica historia!. Y entonces…

Del bencimidazol ya no hay marcha atrás: timoprazol verá la luz en 1975 y la historia lo tendrá como el primero de los famosos inhibidores de la bomba de protones pero solo de nombre. Jamás se usará en ningún paciente. Picoprazol es creado con gran potencia inhibidora pero muy tóxico para la tiroides. Debe continuar la búsqueda. A lo lejos se escuchan las campanas del triunfo. Dejarlo todo por la paz en este momento sería hasta cobarde.

Es 1988, y quiero imaginar una salida intempestiva de un laboratorio, tirando al suelo algunos frascos que se rompen al llegar al piso. Un hombre con una bata blanca que casi se cae al doblar la puerta corriendo como loco hacia el otro extremo de un recinto ante la mirada atónita de los caminantes de turno. Quiero imaginarlo jadeante y llegando desfallecido hasta la oficina de su superior para con respiración entrecortada anunciar que el compuesto H168/68 ha nacido. ¡Es 1988!. Zollinger no lo sabe, pero acaba de terminar su reinado de impunidad, en poco tiempo más conocerá  a su némesis. Un golpe mortal cortesía de la ciencia. De nada. Sí, es por demás que me lo digas: soy un romántico irremediable. Déjame seguir soñando. Si algo me cansa en este mundo son los relatos baratos. Serás el primero de tu especie a ser utilizado en los estudios clínicos en humanos. No es cualquier cosa.

Te seguirían tus hermanos: lanzoprazol, esomeprazol, rabeprazol, tenatoprazol y el S-enantiómero de omeprazol. Los aprecio, pero como tú, ninguno. Cruzamos caminos desde mucho tiempo antes. El primogénito es el primogénito.

Estados Unidos fue tu casa en 1989 (tenías un año de vida), y gracias a ti pudimos atacar el síndrome de Zollinger Ellison; las úlceras gástricas y duodenales; el reflujo y la esofagitis y hasta la indigestión. Tu nombre inicial en la farmacia fue “Losec”, que un año después la FDA exigió se cambiara por algún otro quedando “Prilosec” para la historia, no fueran a confundirte con el diurético “Lasix” (furosemida). Tan seguro estabas de ti mismo que te reíste así como al recibir mi carta. No somos tan diferentes: yo habría hecho lo mismo.

Debo ser cuidadoso al utilizarse en cirrosis hepática, y está prohibido pensarte siquiera en el embarazo o lactancia. No se puede, sé que lo entenderás. Retrasas un poco la eliminación de diazepam, warfarina y fenitoína, pero no parece ser ningún problema.

Tu punto más atractivo es que un riñón enfermo no te detiene. Te puedo utilizar a la misma dosis en la insuficiencia renal. Una maravilla. Me ahorras una serie de engorrosos cálculos. Nunca te lo había dicho, pero de verdad gracias.

Nadie parece entenderlo, pero NO puedes existir en el mismo cuerpo donde haya clopidogrel, pues neutralizas su efecto, y no voy a dejar que nadie se infarte o le dé una embolia nada más por consentirte. Jamás. Ya sabes cómo digo las cosas.

Me aprecias por ser honesto y directo: sabes que casi nunca te receto. Muchos de los síntomas gástricos que me refieren mis pacientes son por depresión o ansiedad y otros medicamentos hacen el trabajo. Soy renuente a usarte pero no por terco. Por paradójico que parezca, busco siempre darte un lugar y evito caer en lo que veo a mi alrededor todos los días en el hospital, donde cada paciente que ingresa, recibe mínimo su omeprazol cada 24 hrs. Ya perdí la cuenta de las veces que me han llamado a subdirección para explicar porqué el paciente a mi cargo “ni omeprazol tiene”. No me molesta, en el camino puedo hacer una parada en la máquina de dulces y puedo llegar comiendo un chocolate a la oficina del subdirector con una sonrisa sarcástica. Ya me conocen. No sé en qué punto necesitan realmente hablar conmigo o que les relaje el día. Como sea, es otra historia.

Te doy tu lugar a cada momento. Defenderé tu uso adecuado siempre. Quien te logra arrancar de mí, en verdad lo justifica; es todo un triunfo.

Veo como intentan manchar tu reputación diciendo que podrías provocar cáncer, anemia por deficiencia de vitamina B12 o fractura de cadera tras largo plazo de utilizarte, pero es inútil. Nada te han demostrado. Eres tan seguro como que amanece todos los días. Te felicito.

La gente no hace caso. No es correcto que te tomen diariamente para “evitar una úlcera”, pero lo siguen haciendo. No deberían de ser más de 8 semanas continuas. Ojalá cambien de parecer cuando se enteren que aumentas el riesgo de contraer neumonía, que muchas veces puede ser muy seria, con incluso la muerte. Ojalá lo entiendan.

Te diste el lujo de mirar sentado como se recorría el camino para descubrirte y cuando el momento llegó, te preparaste sagrariamente para llegar al mundo. Sabías que te esperaba un contrincante difícil y descomunal, pero de corazones valerosos es el mundo y el tuyo es uno de ellos.

Por algo te describen como “el preparado ideal en relación a potencia y estabilidad química”.

Supiste siempre que al fundarse el proyecto que te buscó y encontró, se iniciaría una carrera armamentística que no pararía hasta llegar a ti, un soldado que todos los días veo luchar cientos de batallas, unas inigualables, otras inútiles, pero siempre luchando.

Un auténtico héroe de guerra.

Dr. Luis Enrique Zamora Angulo.

Tu médico internista.

Fuente principal:

Rabiña Rubira Enrique: Medicamentos: un viaje a lo largo de la evolución histórica, volumen 2; Universidad Santiago de Compostela 2008.

Vademécum de la facultad de medicina de la Universidad Autónoma de México.

Otros.

 

 

 

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2017 Luis Zamora Angulo

¡Si te gustó comparte!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *