Carta a la Aspirina (Felices 120 años):

Si alguien me hubiera dicho que serías la piedra angular de un imperio, nunca lo hubiera creído. Quienes te buscaron intensamente hasta dar contigo reposaron en la meta de conseguir un preparado que fuera mejor tolerado para el estómago de lo que habían sido tus precursores. Lo habían logrado: la fiebre, el dolor y la inflamación, que durante más de 3000 años habían estado impunes entre los seres humanos, por fin tenían en su contra una tableta, que al ser deglutida iniciaba un proceso que aliviaba dichos síntomas. Estaba escrito: llegarías.

Lo que nadie previó fue el cimiento tan fuerte en que te convertiste para levantar un imperio farmacéutico llamado Bayer, que hoy es referencia a nivel mundial de manera indiscutible. Tampoco pudieron imaginarse que de ti se desprendiera la posibilidad de vivir más tiempo, y evitar infartos a largo plazo. Una revolución absoluta, confinada a una tableta de color blanco. Nadie de tus creadores, ni en el mayor de sus sueños, lo habría pensado. Qué curiosa es la vida.

Edwin Smith, egiptólogo, compró en el año 1862 un papiro egipcio que databa del año 1534 antes de Cristo, en donde se describían los efectos del sauce blanco para aliviar la fiebre. En esa reliquia de más de 4 metros de largo y 36 cms. de ancho, indirectamente estabas mencionada, pero nada más. La espera aún sería muy larga.

Hipócrates, en el año 400 a. C. mencionaba una especie de té salicílico precisamente para atacar la fiebre, y más o menos así seguiste dando tumbos durante siglos hasta que mediados del siglo XVIII quedó establecido que lo que se desprendía del sauce tenía 3 propiedades, 3 maravillas: era antiinflamatorio, antipirético (combatía la fiebre), y analgésico. Al nombre exacto que hoy conocemos de ti le faltaba mucho tiempo para llegar, si somos justos, una eternidad. Era menester seguir, continuar…

El buen Charles:

Es el año de 1853 entonces, ya muy distantes de Hipócrates o los egipcios, cuando Charles Von Gerhardt (imagen abajo) tuvo la brillante idea de combinar cloruro de acetilo con salicilato para producir el ácido acetilsalicílico. Antes de esto, existía, tras una larga cadena de sucesos y traspiés, (unas veces a oscuras y otras veces peor), lo que ya se conocía como salicilato de sodio, salicina y ácido salicílico. No tengas duda alguna: Charles trazó el camino definitivo, te tenía, pero había un “pequeño” gran detalle; bueno, mejor dicho dos: tu sabor era profundamente amargo, tanto, que imagino quitabas el dolor de solo pensar en tener que tomarte, además de ser sumamente pesada para el estómago, lo que no te hacía una gran opción, aunque fueras mejor tolerada que los compuestos previos a ti. Por si esto fuera poco, a Charles no le interesaba comercializarte, y sin más ni más quedaste apartada del camino, como suele suceder, si no pregúntale a la metformina, y al paracetamol. Creo que tienen algo en común. Desahóguense.

Friedrich Bayer y su equipo:

Abuso de tu confianza, y te pido que juntos viajemos en el tiempo una vez más y lleguemos  a 1861, cuando Friedrich Bayer (imagen abajo) funda la Friedrich Bayer Company, que a la postre se convertiría en la primera empresa cuyo destino iba a ser la investigación química de desarrollo de medicamentos; mientras, los colorantes eran su destino.

Nombra a Carl Duisberg (imagen de abajo) Jefe de investigación, y al demostrarse las propiedades antipiréticas de la acetalinida (de donde se obtendría finalmente el paracetamol, allá por 1956), este decide que la compañía tome ese rumbo: encontrar compuestos que alivien la fiebre. Tras 4 años de duros trabajos en Bayer, asciende en 1890 a gerente global, contratando para sus fines a un grupo de farmacéuticos, en cuyas manos estará la tan ansiada respuesta final; la tierra prometida de las cruzadas. Quien tendría la carga sobre sus hombros principalmente sería Arthur Eichengrün, hijo de un comerciante judío y que sería nombrado Jefe de la División Química. A la par, Heinrich Dresser y Félix Hoffman redondeaban el equipo.

Un jefe judío incansable y rebelde:

Arthur dirigió los esfuerzos a la síntesis final del ácido acetilsalicílico, y arreó a Hoffman a obtener el preparado definitivo que corrigiera el sabor y que fuera más tolerado gástricamente, objetivo que se cumplió el 10 de octubre de 1897. Este producto se le envió a Dreser quien lo despreció por reportes previos y antecedentes de cardiotoxicidad por parte del compuesto. No lo aceptó, y ello enfureció a Eichengrün (imagen de abajo).

Molesto a más no poder, este estuvo ingiriendo el producto durante días para “darse cuenta” que no hacía daño cardiaco y al mismo tiempo llevó a cabo la primera labor de representante médico de la historia, al repartir el compuesto entre diferentes médicos, que le “confirmaron” la utilidad y buenos resultados del nuevo ácido acetilsalicílico.

Un par de estudios que se hicieron posteriormente confirmaron el buen comportamiento y eficacia del nuevo compuesto y la “A” de acetilo, “spir” de Spirea ulmaria, (la planta de la que se extrajo originalmente el ácido acetilsalicílico) y la terminación en “in” que tenían muchos compuestos en aquellos tiempos, sellaron la historia: el mundo te conocería como “Aspirin”, y en tierras hispanoparlantes “Aspirina”. La patente no abarcaba el producto como tal (ya existía desde antes, como hemos visto, pero sí patentaron el prodecimiento de obtención).

Y el resto fue historia:

Bayer acuñaría dicho nombre en 1899 y empezó a comercializarla. No lo sabían, pero estaba lista un arma contra la gran pandemia de gripe española que se venía encima para 1918. Es cierto, no impactaría en mortalidad, pero aliviaría los síntomas importantemente para aquellos que sobrevivieran. (Se trata de la pandemia más grande de todos los tiempos, con una mortalidad de 20 a 40 millones de personas en el primer año en europa).

Para 1915, se podía obtener sin receta y se convirtió en un auténtico “best-seller”, algo nunca visto. La gente estaba feliz por lo que se interpretaba como un gran avance en la medicina al alcance de todos, y tenían razón. De manera objetiva, se disponía de un medicamento para combatir la fiebre y el dolor de manera directa, aunque su mecanismo de acción, el cómo lo hacía, fuera un misterio. La gente te amó desde el primer momento. Te soy honesto: no les faltaba razón. Tu ascendencia fue meteórica.

En 1949 el récord Guinness te otorga el reconocimiento de ser el analgésico más vendido de la historia, a tus 50 años de edad, pues no tenías competencia alguna. Faltaban unos años para que el paracetamol y el ibuprofeno salieran a la luz y entonces tu uso empezaría a disminuir. No está mal, la vida es de oportunidades que hay que dar a otros siempre y cuando uno ocupe su justo lugar.

Famosa como ninguna, eres la playboy de los medicamentos, la más famosa, la primera que viajó al espacio en el Apollo 11. Ibas en el botiquín de los astronautas, por si acaso. Nadie puede presumir otra cosa de las medicinas que conocemos en este momento, igual. Deberías sentirte orgullosa. Yo lo estaría, y mucho. Qué más da que en este momento tu costo sea ínfimo, o tengas más de un siglo de existencia. Hay cosas que no se pueden comprar con dinero. Un día quisiera poder hablar contigo sobre esa hazaña espacial. Poca gente la conoce. Espero soñarte uno de estos días.

En 1982 le otorgas el premio Nobel al Dr. Jhon Vane al descubrir el cómo se ejerce tu actividad antiinflamatoria y 1 año después, en el estudio “Veterans Administration Cooperative Study (VACS)”,  uno de los 5 estudios más importantes que se hicieron contigo en la prevención de eventos cardiovasculares (infarto y embolia), demostraste que disminuías la posibilidad de experimentar uno, y empezaste a comercializarte a dosis más bajas también para este fin.

En 1997 se recomienda tu uso dentro de las primeras 48 hrs. después de un evento vascular cerebral (embolia), tras los resultados del “Stroke Trial”, y en 1999 obtienes otro récord Guinness de nuevo al convertir el edificio de Bayer (ubicado en Leverkusen, Alemania), en la caja de aspirina más grande de todos los tiempos (122 metros no es poco). Cuando uno tiene su estatus bien ganado, se puede dar ciertos lujos, me queda claro. No merecías menos.

Fuiste y sigues siendo una pieza fundamental para alargar nuestra expectativa de vida, nadie puede refutar eso. Las personas que han experimentado ya un infarto o una embolia se beneficinan enormemente de ti. Lo que das a cambio de lo que cuestas es impagable. Por eso estás presente en la lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud.

Única en tu tipo:

Simpática, poderosa, arrancaste el último aliento del siglo XIX y entraste con todo al XX. Huella imborrable de la historia de la medicina.

Eres motivo de discusión sobre si las personas debemos tomarte sin haber tenido antes un infarto, para prevenirlo, pero no está bien asentada esa recomendación. Mucha gente por error lo hace y experimentan sangrado del estómago con el tiempo, pero no es tu culpa.

Siempre serás una maravilla incomparable. Nos sigues enseñando mucho, como por ejemplo, que ¡previenes el cáncer de colon y recto!. No es tan fácil establecer quién sí o quien no debe tomarlo para eso, pero estamos intentando.

Sabes que no puedes acercarte a los niños y adolescentes. el síndrome de Reye que se desencadena en ocasiones cuando te toman puede ser muy grave y provocar la muerte, pero la medicina ha cumplido con identificar esto y recomendar que ellos se mantengan lejos de ti.

Te confieso que no te utilizo como analgésico a menos que no haya otra opción cerca, pero cuando el paso del tiempo haga mella en mí, serás mi compañera todos los días para que cuides mi corazón, te lo prometo. No veo a mediano o largo plazo que alguien pueda ocupar tu lugar, pero antes de irme, te dejaré saber algo que te concierne, y es importante:

Un padre que nunca te olvidó:

Eichengrün dejaría Bayer en 1908, pero la obra estaba consumada a través de ti; la primera piedra oficial en la nueva era que se venía para la medicina y la humanidad, estaba colocada, sin embargo, al tener ascendencia judía, en la década de 1930 los alemanes cambiaron la historia por obvias razones y se le atribuyó el crédito a Hoffman, como el creador de la Aspirina. (Imagen abajo).

En el año de 1999 en una reunión de la Royal Society of Chemistry se contó la verdadera historia de la aspirina y documentos en poder de Bayer apoyaron la versión, 50 años después de la muerte de Eichengrün, dos semanas después de que publicara “la verdad acerca del descubrimiento” y de cómo Hoffman se limitó a seguir instrucciones previamente descritas que lo llevarían a dar contigo. Hoffman hizo su parte, pero Eichengrün impulsó contra viento y marea que el ácido acetilsalicílico naciera para el mundo en forma de Aspirina, lo que tú eres. Un tipo que cuando te despreciaron fue el primero en consumirte para probarle a su jefe que estaba equivocado, aún a costa de su propia vida. Debió haber seguido tu carrera ascendente después de que dejó la compañía, sonriendo por tus logros y lamentándose por ya no poder estar a tu lado, compartiéndolos. Estoy seguro que nunca te olvidó.

Suena para mí, como lo que cualquier padre haría por un hijo.

Tenlo siempre presente.

Dr. Luis Enrique Zamora.

Tu médico internista.

Fuentes bibliográficas:

Aspirin: surprisingly versatil; Bayer 2017.

Historia de la aspitina; wikipedia 2017.

Dawn Connelly: A history of aspirin; Clinical Pharmacist, September 2014, Vol 6, No 7, online | DOI: 10.1211/CP.2014.20066661

F. Braña, Miguel: LA VERDADERA HISTORIA DE LA ASPIRINA; An. R. Acad. Nac. Farm., 2005, 71: 813-819.

Papiro Edwin Smith; Wikipedia.

Imágenes: Google.

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Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. A través de este blog te enseñaré cuan maravillosa es la medicina, y cómo con ella cambiaron y seguirán cambiando nuestras vidas. Las historias que te contaré te acompañarán siempre. ¡Acompáñame en este viaje!.

Autor entrada: Doctor Humano

Doctor Humano
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