lun. Jun 24th, 2019

Mario tenía 52 años, y más cosas aún: una vida resuelta, con un próspero negocio el cual ya solo supervisaba. Había enviudado hacía 8 años y casarse de nuevo para él no era una opción. Prefirió refugiarse en el trabajo, y lo había hecho de gran manera.

Ese cuerpo de 1.80 mts. y 85 kilos de peso daban unas palabras para terminar la reunión del día, en el 8vo. piso del edificio donde yacían las oficinas centrales de su empresa. Una vez que se despidieron todos, tomó su teléfono para avisar que llegaría puntual a la cita que tenía agendada desde hacía dos semanas. Una cita más importante que cualquier negocio, para hacer lo que no hacía nunca con nadie: hablar sobre sí mismo y sus propios problemas, que aunque pudiera parecer que no, claro que los había. Era un ser humano.

Los dolores en mis manos empezaron hace 6 meses; iban y venían, y como todos hacemos, en sus primeros momentos no les di importancia. Ya no soy un joven; un poco de naproxeno hacía su trabajo”. Esto le decía a Gerardo, su amigo de las etapas tempranas de la vida, el cual había decidido ser médico, y vivía en otra parte del país. Mario solo hablaba de sus enfermedades con él. Aunque nunca lo tuviera enfrente, era muy acertado y resolvía los problemas cotidianos del empresario con rapidez. La confianza entre ellos era total.

Estaban sentados en las gradas de un complejo polideportivo viendo jugar fútbol a los jóvenes, tal como ellos hacía décadas lo habían llevado a cabo también, mientras continuaban conversando. Eran las vacaciones de Gerardo y dado que su amigo le pidió verlo personalmente, se tomó unos días para hablar sobre algo que Mario deseaba expresar, pero que le quiso decir personalmente, nada de teléfono. Dos días después, el médico estaba a su lado en la grada viendo el partido de fútbol.

“La fatiga me empezó a invadir. En cuestión de semanas sabía que algo estaba mal conmigo pero no sabía qué. Busqué información en internet pero encontré muchas cosas que me dejaron peor que cuando empecé. Mejor lo dejé”. Gerardo solo podía darse cuenta que en esa voz tan segura de sí misma para los negocios cotidianos no sobraba la confianza. “Siempre estás muy ocupado y no quise molestarte; a como se fueron dando las cosas preferí no informarte nada hasta no saber qué podía ser”.

“Empecé a experimentar caída de mi cabello, más de la cuenta, no tengo ni 3 meses, y sumado a la fatiga, acudí con un médico que me recomendaron que encontró que tenía hipotiroidismo (algo así como que mi tiroides funciona menos de lo debido), me dio una medicina llamada levotiroxina y en mes y medio el examen mejoró, y la caída del cabello también, pero no la fatiga ni los dolores“.

“En uno de mis viajes tuve un dolor de muelas muy importante y al acudir con el dentista me preguntó que cuántos años llevaba sin acudir a uno, sacándolo inmediatamente de su error pues al menos al año acudo una vez. Me dijo que tenía algunas piezas con caries, lo que me pareció raro porque al menos dos veces al día lavo mis dientes, ya me conoces”.

“Vitaminas iban y venían. Me las recomendó un socio pero me sirvieron para nada. Luego, hace 4 meses noté que la luz me molestaba. Empecé a usar lentes oscuros más frecuentemente que antes”. Continuaba el relato de lo que había empezado a suceder desde hacía 8 meses.

“Un día amanecí ronco (disfónico, le dicen los doctores), cosa que se extendió por unos 15 días. Fui al doctor de nuevo y me recetó un antibiótico y un antiinflamatorio; mejoré con los días, pero luego recaí. Pude darme cuenta que a pesar del tratamiento todo se resolvía, y aprendí a vivir con eso”.

Gerardo solo escuchaba. Su mirada clavada a lo lejos más allá del juego, escuchando atentamente la historia pero sin llegar a ninguna parte. No había conclusión posible, no con esa información.

“Como los dolores no me dejaban, continué yendo con el doctor, que contempló el diagnóstico de artritis reumatoide pero me dijo que no cumplía los criterios necesarios y que no había alteraciones óseas en las radiografías, a pesar de que la inflamación de ambas muñecas iba y venía”.  “Mis visitas con el dentista continuaron, aunque poco a poco fui controlando el problema de las caries y de repente, se me dificultó pasar alimentos si no bebía agua. Era tanta ya la confusión que alguien mencionó que tal vez hasta miastenia gravis tenía, cosa que se descartó cuando me dieron el medicamento que se receta para eso (piridostigmina) y no tuve mejoría”.

“Cansado de la situación, hace 2 meses pedí ser ingresado al hospital para que me hicieran todos los estudios posibles para saber qué me pasaba. Concentrarme en mis actividades diarias era cada vez más difícil y beber agua se había convertido en una práctica muy frecuente en mí, a intervalos cada vez más cortos”.

“El médico me contó que mis exámenes salieron bien, salvo una ligera linfopenia solamente, cosa que yo no entendí, y me quedé los siguientes días. No le avisé a nadie, no quería preocupar”.

Para que Mario se hubiese hospitalizado, las cosas ya eran realmente serias. Ansioso por saber qué más había pasado, volteó hacia su amigo y ya no le despegó la mirada. Mario siguió hablando con un mundo de pensamientos cruzando por su mente; así parecía, y así era.

“El doctor que acudió a verme me preguntó muchas cosas, como otros lo habían hecho otros antes, pero aquí ya era de sobra conocido que mi caso se salía de lo habitual. Parecía muy vago todo. Platicamos mucho rato y cuando le dije que tomaba mucha agua para pasar alimentos y entre comidas me dijo que ya habían descartado diabetes, que no era una causa. Me preguntó si había sentido la boca seca en los útlimos 3 meses y le dije que sí. Me leyó la mente cuando me preguntó por caries recientes o más frecuentes”. Tras un rato me dijo que se iría a revisar unas cosas y que dependiendo de ello ya dictaría los estudios que me tenían que hacer”.

“Dos horas después vinieron por mí a nombre del doctor y me llevaron a a hacer un estudio con un nombre un poco extraño”. Gerardo lo interrumpió: “¿sialometría?”; “sí, y resultó positiva: me dijeron que tras 15 minutos había producido menos de  1.5 mls. de saliva, y por eso había estado sintiendo la boca seca y requiriendo agua durante tanto tiempo”, continuó Mario.

“Cuando el doctor vio los resultados, me dijo que había una posibilidad de que pudiera tener una enfermedad que se caracterizaba por síntomas de resequedad en diferentes partes del cuerpo. Me preguntó por mis ojos, y ahí le dije lo de la molestia de la luz haciéndome darme cuenta con sus preguntas que también llevaba tiempo sintiendo algo en el ojo, sin encontrar nada; los tallaba ocasionalmente. Me mandó revisar por un oftalmólogo al cual le pidió una prueba especial”.

“¿Schirmer?” -dijo Gerardo, y sus ojos se empezaban a mostrar preocupados. Mario continuó asintiendo con la cabeza: “Sí, duró 5 minutos y el total de lágrima producida por mis ojos no superó los 5 mm. que se consideran normales”.

“El Dr. me dijo al ver los resultados que teníamos casi todos los criterios para hablar de que yo poseía la enfermedad, pero que tenía que cumplir con uno más, uno de los que no podían faltar. Dijo que podían variar los otros pero estos no. Era una biopsia de alguna de las glándulas salivales que poseo o un examen de sangre. Decidimos lo segundo y ahí confirmamos el diagnóstico: los anticuerpos anti-SSA y anti-SSB fueron positivos, no había más qué hacer”.

“Tienes Sjögren, amigo mió, ¿no es así?, -dijo Gerardo mientras suspiraba aliviado-; sabía que la enfermedad era molesta, y persistente. Sabía que con un medicamento llamado pilocarpina podía mejorar la resequedad de la boca y un poco de chicle.. Todo encajaba: la artritis transitoria en pequeñas articulaciones, en este caso en muñecas; las alteraciones oculares, orales y la fatiga, el dato más frecuente encontrado extraglandular, todo había encontrado su sitio. El misterio se había resuelto.  De momento Mario no había dejado ver que hubiera alguna complicación cardiaca o pulmonar, cosa que efectivamente Mario le confirmaría uno minutos más tarde.  Sabía que había mucha posibilidades de una vida lo más cercano a lo normal, y se alegraba por su amigo.

Mario había asentido nuevamente con su cabeza y le dijo: “sí, compadre: tengo síndrome de Sjögren. Nunca lo hubiera imaginado. Tantas cosas que ve uno en la televisión y mira, me ha tocado a mí”.

“Vamos, que no se acaba el mundo y puedes hacer una vida normal con un buen tratamiento, lo sabemos” -Gerardo le dijo con un intento de sonrisa y un pequeño golpe en el brazo derecho-.

Mario no respondió. Sonrió cansadamente y se quedó pensativo.

“¿Esto era lo que me querías decir con tanta urgencia?; pues bien, asunto arreglado, vamos por una copa de vino para esas resequedades y a ver que más hacemos”.

Mario giró su cabeza  hacia Gerardo y lo miró fijamente. Mientras lo hacía sucedieron dos cosas: Mario metía su mano derecha a la parte interna izquierda de su saco mientras buscaba algo y Gerardo empezó a darse cuenta que algo no estaba del todo bien en su amigo. Pudo notar que su cara no guardaba la simetría esperada; parecía estar un poco más grande del lado derecho que del izquierdo, en el área maxilar, pero aún no atinaba a concluir nada.

Mario sacó el sobre y se lo dio. “Llevo un mes con esto que acabas de notar, y hace 4 días me hicieron una biopsia de este crecimiento en mi cara. Esos son los resultados”.

La mente de Gerardo empezó a avanzar dando pasos agigantados mientras temblaba y sus manos buscaban abrir el sobre torpemente, temiendo lo que no había podido prever cuando se enteró que su amigo tenía síndrome de Sjögren. Revisó el papel con un escalofrío único a cuestas y luego miró a Mario, quien con toda la tranquilidad del mundo sonreía tristemente y asentía con la cabeza por tercera vez:

“Tengo linfoma, el tumor asociado por excelencia al síndrome de Sjögren. Creo que veré a Emma, antes de lo que tenía pensado”.

Gerardo volvió a poner sus ojos en el juego, y la mente más allá…

Un silencio mortal entre ambos…

Era cáncer.

Dr. Luis E. Zamora.

Tu médico internista.

Bibliografía:

Mallika Kishore: Sjogren’s syndrome: A review; SRM Journal of Research in Dental Sciences | Vol. 5 | Issue 1 | January-March 2014.

Both, Tim: Reviewing primary Sjögren’s syndrome: beyond the dryness – From pathophysiology to diagnosis and treatment; Int. J. Med. Sci. 2017, Vol. 14.

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