mié. Jun 26th, 2019

La última navidad de un estudiante de medicina:

Como médico nunca olvides esto…

Si aún estás en la universidad, obviamente esto significa que no has entrado a tu internado. Si estás en tu servicio social, podrías saber de lo que hablo, o tal vez no. La juventud encierra sueños, deseos y una curiosidad que tiende a dejar de lado muchas veces lo esencial.

Estamos acostumbrados a vivir al lado de los nuestros; han sido tantos años ya conviviendo juntos que inconscientemente asumimos que siempre estarán ahí, en la misma mesa, en los mismos cuartos, interactuando con nosotros por toda la vida.

En el nido, parece todo tan ordinario. Pocas veces reparamos en lo transitoria que es nuestra etapa al lado de los que nos criaron. Pocas veces valoramos el rechinar de esa cama, el mueble viejo, el aroma de la comida de casa, la puerta que acusa el paso de los años; el perro que nos ha recibido, despedido y acompañado día tras día, en fin, tantas cosas.

Pocas veces valoramos a las personas que le dan vida a esa puerta, a esa casa, a ese cuarto. Asumimos como inmutable el que hermanos, padres o abuelos estarán siempre, e incluso, buscamos alternativas para pasar fechas tan especiales lejos de casa, para “romper la rutina del festejo acostumbrado”, porque en estos “no sucede nada nuevo”, en esta u otras fechas, porque la lentitud familiar le queda corta al brío del hijo joven, que ha iniciado el proceso de madurez, pero que aún le falta, para alcanzar a darse cuenta. Siempre pasa.

Pero no es inmutable, no es eterno, y si algo en la vida está escrito, es que se irá, y empezará una carrera contra el tiempo.

Porque la medicina te dará muchas cosas, pero también que te quitará otras. Atentará más rápido de lo que te imaginas contra los más sagrado que tengas, alejándote de los que quieres, sin importar cómo te sientas al respecto.

Serás un gran médico, lo sé, pero en tu anecdotario siempre estarán los cumpleaños que festejaste sin ellos, las navidades o los años nuevos, los días de las madres… todo.

No sé si alguna vez lo has presupuestado, pero la última navidad que tengas antes de entrar a tu internado o a tu especialidad médica (suponiendo que hayas cursado tu servicio social cerca de casa), será efectivamente la última que te pertenecerá.

Esa última oportunidad podría ser mañana. A partir de entonces iniciará un viaje vertiginoso que no te dará tregua alguna: serán comunes los festejos apresurados, para al día siguiente, cuando todos duermen, tener que madrugar y dirigirte a tu hospital, tal vez en otra ciudad. Las enfermedades, los pacientes y los hospitales no cierran, no cesan, y tendrás que estar. Y si con el tiempo intentas hacerte fuerte a través de la ilusión de que una vez terminados tus estudios, ya como médico a cargo, podrás recuperar esos 4 o 5 años perdidos con tu familia, te equivocas: también deberás cubrir esos días, permitiendo a quien llegó mucho antes que tú poder hacer eso precisamente que tú no puedes, y tanto quieres: recuperar el tiempo.

Será común tu ausencia total del festejo comunal; con suerte contarás con la presencia de tus padres o de parte de tu familia en donde estarás estudiando, pero la plenitud presencial difícilmente se alcanzará. Los lazos familiares nunca se romperán pero los recuerdos de esos festejos empezarán a adquirir vida propia, y habitarán en tu mente cada vez con más frecuencia, avivados por tus imposibilidades, y más cuando tu vida defina cada vez más su rumbo, cuando poco a poco te empieces a poner en el lugar de aquellos que duramente te vieron partir, mucho tiempo atrás.

Tal vez mañana sea la última vez donde tengas la calma de grabar con fuego en ti cada rincón de tu casa, cada grado centígrado de calor de ese hogar que te formó. No lo desaproveches. Róbalo, y hazlo tuyo para siempre.

Vive esta navidad como nunca, y llénate de la energía que te impulse en los años por venir y en los momentos difíciles que estarán presentes en tu carrera. Te aseguro que los habrá.

Alguna vez te darás cuenta, que nada era monotonía cerca de los tuyos, ni en aquella casa, que te vio crecer.

Cada puerta, cada ventana y cada piedra, tenía una razón de ser y de existir. Su plusvalía aumenta a cada minuto que transcurre una vez que nos hemos ido de casa, tal vez para siempre.

Feliz navidad, médico.

Dr. Luis E. Zamora (El Doctor Humano).

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