Muñeca de un Ángel:

Tenía enfermedad pulmonar obstructiva crónica y aproximadamente 60 años. Fue fumador como pocos durante décadas, degustando el placer del tabaco desde la juventud. La enfermedad lo obligó a dejarlo. Factura pendiente que tarde o temprano llega para casi todos los fumadores.

Nos conocimos en el Instituto Mexicano del Seguro Social, en la cama 145-Bis, destino aleatorio que le asignaron en urgencias, a donde llegó por una gran dificultad respiratoria. Lo tuvieron que intubar.

En realidad no hice gran cosa: los parámetros ventilatorios eran mínimos, así que solo suspendí la sedación y en el turno nocturno fue extubado. La máquina pasó a esterilización, como requisito indispensable antes de ser asignada a otro paciente que requiriera jugarse la vida con la última carta de la ciencia médica. Qué le vamos a hacer.

Las 2 hijas de don Ángel y su esposa siempre fueron muy amables conmigo. Desde su salida me pidieron mis datos y empezó a acudir regularmente a consulta conmigo, a veces solo, otras con su hija Alma, y otras acudía a verlo y consultarlo en su casa.

Nuestro acercamiento se mantuvo durante 2 años aproximadamente.

Juntos acordamos que había llegado el momento de empezar a utilizar oxígeno y contar con un nebulizador en su casa para manejar las exacerbaciones tempranamente con intensivas nebulizaciones entre otras medidas.

Siempre presentaba alguna exacerbación cada dos meses aproximadamente. Lo más que duró sin eventos fueron 3 o 4, lo que reflejaba el grave daño pulmonar que tenía. Su tratamiento estaba a tope, atado con hilos delgados a esta vida.

Una de tantas consultas, a sabiendas de que Sophia ya estaba en mi vida, Alma y él trajeron una bolsa de donde al final, extrajeron a “La Sirenita”, dejándola con una sonrisa en mis manos, para mi pequeña. Debido a que la nena era muy pequeña, la guardamos. Su gesto me conmovió enormemente. Nos despedimos.

Ayer fue “Toy day” en la escuela. Mi esposa sacó del clóset la muñeca, y Sophia quedó deslumbrada, encantada por su colita de pez y su cabello intensamente rojo. Fue feliz. No se le ha despegado un instante.

Una de tantas veces, la dificultad respiratoria inició pero no hubo manera de detener su camino hacia la desesperación.

Sus hijas y su esposa lo llevaron a urgencias, donde ese cuerpo y ese pulmón tan dañado, ya se habían rendido.

Ángel murió, y ahora lo llevo en mis recuerdos.

Ayer su presencia se reavivó de nuevo, merced al símbolo que representa ese regalo que le dio a mi hija hace más de 1 año y medio.

Los símbolos nos motivan, nos emocionan y nos evocan muchas cosas.

Gracias Ángel.

Buen viaje.

Dr. Luis Enrique Zamora

Aquel que fue y sigue siendo tu médico internista, Ángel.

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Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. A través de este blog te enseñaré cuan maravillosa es la medicina, y cómo con ella cambiaron y seguirán cambiando nuestras vidas. Las historias que te contaré te acompañarán siempre. ¡Acompáñame en este viaje!.

Autor entrada: Doctor Humano

Doctor Humano
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