El grave conflicto del médico general:

Al día de hoy, puedo decir que conozco a muchos médicos generales. Esta lista empezó a formarse al concluir mis estudios universitarios, y tras entrar a la especialidad de medicina interna, con cada generación de médicos internos y pasantes de medicina con quienes mantuve contacto, dicha lista de fue acentuando.

Tras terminar mi residencia en el 2007, con el tiempo me fueron invitando a dar pláticas médicas de diversos temas en los que puede apoyar medicina interna: diabetes, hipertensión, depresión, fibromialgia, entre otros. Cada una de las charlas era adecuada para que más allá del aspecto teórico, el práctico se enriqueciera y dichos consejos pudieran ser aplicados en la consulta de los médicos que acudían como auditorio, y que al finalizar tenían muchas preguntas. Puedo decir que guardo muy buenos recuerdos de aquella época, de la cual la cada vez menor disponibilidad de tiempo me terminó alejando. En los últimos 15 días recibí un par de invitaciones para volver, pero debí declinarlas (consultorio, institución, actividad virtual, desarrollo de mi primer ebook, y mi familia, ya ocupan todo mi tiempo). Etapas de la vida.

Volviendo al tema, las edades de los doctores y doctoras oscilaban entre los 24 y los 68 años, y mientras impartía el curso, era sorprendente lo atentos que estaban siempre, pero tiempo después, algo fallaba. En los días siguientes (a través de internet) o en un próximo encuentro con alguno de ellos, recibía mensajes en donde me solicitaban una interconsulta para ayudarles con un paciente, que tenía alguna enfermedad que involucraba al tema que les había impartido y que yo pensaba marcaría un punto de inflexión en la práctica clínica de los médicos que recibían mi charla, (que principalmente era el manejo de la insulina y los antihipertensivos, y el riesgo cardiovascular). Error… siempre.

Soy partidario de enseñar a pescar, más que de entregar el pescado. Es la única manera en que impactaremos en la vida de nuestros pacientes, pero necesitamos hacerlo todos. Y eso casi nunca lo vi durante esos años como ponente y mi estrecho contacto con medicina general.

Desde mi percepción, pareciera que a muchos médicos generales o de primer contacto les cuesta aplicar lo aprendido, en su consultorio. Unos no se atreven por temor “a que pase algo”; otros pareciera que se consideran incapaces de ir ajustando los fármacos, y quizás algunos más (ojalá me equivoque), me da la impresión de que en sus adentros ha permeado el estigma erróneo de que medicina general es igual a no saber gran cosa, como si fuera un área que va a la extinción porque la evolución natural de la medicina apunta a la especialización y subespecialización.

Como si el médico ya no creyera en sus capacidades y por ende desistiera de intentar asumir su papel aún antes de empezar, porque seguramente la persona que tiene enfrente ha de pensar que quien lo atiende no sabe nada porque “solo es médico general”. Un terreno peligroso se abre frente a aquel que mentalmente empieza a ser vencido.

A este problema hemos contribuido todos: especialistas y subespecialistas que desprecian al médico general y a la medicina de primer nivel de atención; también contribuyen a esto, médicos generales que no estudian nunca y que han abusado de la autoridad que les da la bata y un recetario para dejar tratamientos aberrantes que vulgarizan a la profesión médica, y que afectan al resto de aquellos médicos que intentan incidir de manera positiva en las vidas de sus pacientes, y por último, no puedo dejar de lado a la equivocada sociedad que encumbró al especialista y despreció al médico general, porque la consulta de este último es más económica y por ello desconfió de poder recibir una atención de calidad, aunque también a la hora de pagar por una consulta de especialista, esta le parezca muy cara, y tampoco acuda.

Soberbia, incongruencia el ignorancia, el trípode donde se asienta lo difícil que es ejercer medicina general hoy en día. Una situación que ha mermado mentalmente a nuestros médicos, que siguen sintiéndose alumnos sin tomar el rol que les corresponde como maestros de otros médicos (internos, pasantes) y de sus pacientes.

Ojalá llegue el día en que el médico general deje de sentirse juzgado y perseguido, como si su rol en la cadena de servicios sanitarios fuera un mero trámite para derivar a los pacientes hacia la especialidad correspondiente donde por fin podrá combatirse verdaderamente a la enfermedad.

El conocimiento es para todo aquel que lo busque. Incorporada la teoría, habrá que dar el salto hacia la práctica, y esta, respaldada por esa sabiduría, arrojará los resultados que le darán la confianza que necesita para cambiar su actitud como médico para siempre, iniciando una nueva era en un labor. Una confianza que puede llegar a tornarlo soberbio, pero…

Si es necesario que el médico general desarrolle la soberbia para ejercer la tiranía en su consulta y darse el lugar que le corresponde, así lo prefiero.

Cada día, en cada consultorio, se puede cambiar la vida de la gente. El médico tiene ese gran poder…

Pero antes, debe cambiar la propia…

¿Lo hará?…

Dr. Luis Enrique Zamora.

El Dr. Humano.

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Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. A través de este blog te enseñaré cuan maravillosa es la medicina, y cómo con ella cambiaron y seguirán cambiando nuestras vidas. Las historias que te contaré te acompañarán siempre. ¡Acompáñame en este viaje!.

Autor entrada: Doctor Humano

Doctor Humano
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1 comentario sobre “El grave conflicto del médico general:

    Jose vicente hernandez

    (15 noviembre, 2018 -20:21)

    Gracias por enseñar

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