Emulando al Karate Kid (rompiendo el hielo nivel Dios):

Hay cosas que te echan a perder un día de trabajo, y cada una de esas posibilidades depende de nuestra personalidad: que no suene la alarma del despertador; una llanta ponchada;  no ponerte desodorante al salir de casa, etc. Tantas y tantas posibilidades infinitas en el gran azar que es la vida.

Una de esas posibilidades que nuestro gran amigo el Dr. Humano no puede soportar, es precisamente que mal vaya llegando a su ya legendario piso 1, (terreno árido donde escasean las buenas noticias y abunda la tristeza) y le digan algo como esto: “el paciente de la cama (la que sea) está muy enojado (por el motivo que sea) y sus familiares están igual; exigen hablar con el médico”.

Pocos mecanismos tan complejos se echan a andar en alguien, tal como en este ser al que le avisan que el paredón lo espera. Te preparas mentalmente para lo peor, sabiendo que estarás bajo vigilancia estrecha y el estudio minucioso por parte de aquellos que asumes serán entes problemáticos. Algo no te deja trabajar, ni respirar. A gusto no estás y esta sensación te acompaña a cada paso. Tras la alerta, cada segundo que pasa piensas en el futuro, en el instante del encuentro.

Nervios, angustia, mil emociones. Un astronauta a punto de salir de la tierra no vive tan intensamente, parecería…

Se pone música y se intenta la distracción voluntaria. Bromeas con tu personal. El sarcasmo aflora. Nada funciona completamente. Se cierra el casillero, se coloca una bata, se observa el reloj que no cesa de avanzar, empujando al abismo, a las fauces del sacrificio y finalmente los pasos enfilan hacia el patíbulo…

Minutos antes, se escucha la leyenda de que el paciente de esa cama, la número 102, ha hecho imposible la labor rutinaria de enfermería. Hay reclamos, amenazas, desplantes. Fricciones que cada vez van tornando más irreconciliable la relación de este hombre con el personal. Peor aún, esto se torna de dominio popular, genera interés, y es un episodio más de las telenovelas hospitalarias que siempre existen. Un capítulo más al caudal de historias que se encierran entre estas paredes, y la gente empieza a seguir lo que será el desenlace de esta aventura, sobre todo al saber qué médico es el que estará a cargo de tan singular paciente: el atípico, sarcástico y poco expresivo Dr. Humano, al que conocen con un umbral de tolerancia muy bajo ante un reclamo injusto. Será un choque radiactivo.

Se viene la pelea del siglo. Ni Rocky Balboa vs Iván Drago despertó tanta expectativa. Si se televisara por Pay Per View, se agotarían los contratos. Pero no, la televisión de paga ha perdido su oportunidad. No tendrá tiempo de enterarse que ha perdido un gran negocio.

Tras la revisión de algunos pacientes antes, toca el turno de la cama 102. El Doctor Humano se para frente a la puerta, la mira, duda, pero peores son las miradas que siente de todo el personal. No da tiempo para más, y en una jugada que nadie se espera, le pide a su médico interno que espere afuera. Cuchillo entre los dientes, cruza el umbral y desaparece. La puerta se cierra detrás. Nadie entrará hasta que se abra de nuevo (y nadie sabe si se abrirá), o si será la última vez que se tendrán noticias del conocido médico. Se ha jugado la vida heróicamente.

Transcurren 10 minutos eternos, y nada se escucha desde afuera. Todas las miradas se fijan en una cerradura que empieza a girar; la puerta se abre, y sencillamente, con toda la tranquilidad del mundo, (juran los que lo vieron), salió el médico. No dijo una palabra cuando le entregó el expediente y la hoja con las órdenes médicas a su médico interno. En silencio sigue el pase, uno a uno sus pacientes van consumiendo los turnos hasta que su visita se termina.

La enfermera del 102 es cuestionada por las demás; no entiende nada. El paciente está sonriente y feliz, a pesar de estar tan hambriento.

La tarde transcurre sin más incidentes, y se tterminael turno; el Doctor Humano toma sus cosas para irse y dobla el pasillo hacia donde al final están las escaleras…

El médico interno no puede evitarlo, lo sigue, lo aborda y le pregunta:

-“Dr: ¿cómo le hizo para que el paciente de la cama 102 no lo insultara como a todos?”

El médico lo observa unos segundos, sonriendo, y con toda la calma del mundo le describe la escena. La revelación llega a este joven médico que no pudo resistir la curiosidad, al enterarse de que si hubiera podido entrar a ese cuarto, habría visto y escuchado lo siguiente:

-“Buenas tardes don Juan, ¿Cómo está?”.

Con todo el enfado del mundo, el paciente contesta: “Muy mal, llevo sin comer nada desde ayer y me estoy muriendo de hambre”.

Cabe mencionar que la familiar estaba también muy molesta ante tal situación, y de repente pasó:

-“¿No le han dado alimento desde ayer?”, -insistió el médico-.

“¡NO!”, -indignado confirmó Juan de nuevo-.

“¿Y Cuál es el problema?”

“¿Cómo que cuál?, ¡No he comido en más de 24 horas!

A lo que el médico respondió, encogiéndose de hombros mientras veía el expediente:

“Jesús duró 40 días y 40 noches sin comer. Ya le autoricé la cena. Mientras, beba un jugo y toda el agua que quiera”…

Risas de los 3. Hielo roto. Paciente feliz.

Tal cual fue la historia…

Dr. Luis Enrique Zamora Angulo.

El Dr. Humano.

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Médico Internista, expositor, conferencista, docente y ¡blogger!. Ejerzo desde el 2007. A través de este blog te enseñaré cuan maravillosa es la medicina, y cómo con ella cambiaron y seguirán cambiando nuestras vidas. Las historias que te contaré te acompañarán siempre. ¡Acompáñame en este viaje!.

Autor entrada: Doctor Humano

Doctor Humano
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