Querido Santa Claus:

Como dijeron por ahí: “otro año ya se ha ido, cuántas cosas han pasado”. Entramos de lleno a lo que serán los últimos días del año, y aprovechando que se viene el único día en donde estarás trabajando (quién fuera tú), aprovecho para dejarte una cartita con las humildes peticiones correspondientes, deseos procedentes de un médico que, como muchos, guarda aún algunas ilusiones y para que no mueran en vano, qué mejor que hacértelas llegar a ti. Si me lo permites entonces, empiezo:

Por favor, te encargo mucho que el paciente entienda que nosotros no somos la solución a su problema, sino que formamos una buena parte de la misma. Que los hagas conscientes de que su principal compromiso es con ellos mismos, y que mucho antes de que nosotros aparezcamos en su camino, es un deber que ellos hagan lo necesario para estar sanos. Por favor, pónselos con mayúsculas.

Te pido además, que si ya es inevitable que acudan al médico, que sigan los procesos de atención adecuadamente, y que no vengan a urgencias por un dolor en la rodilla o un resfriado de 3 días, y menos, en la madrugada. Por favor hazlos conscientes de que su “picardía” para agilizar su atención médica sobrecarga y entorpece la de otros que seguramente estarán muy delicados. Ahí te encargo.

No olvides darte una vueltecita por las farmacias y los estantes de medicamentos de los hospitales públicos, asegúrate que no nos falte lo que denominan el “cuadro básico” de medicinas, pues suficientes problemas tenemos con luchar contra las enfermedades para que aparte lidiemos con la falta de los fármacos. Casi todo lo puedes conseguir en las farmacias, genérico y sin receta, así que llévate varios costales, que a veces nos falta mucho, haz paro.

Ya en piso, habla con algunas enfermeras y uno que otro enfermero; diles que lo menos que esperamos es tener los signos del paciente recientes y que se apliquen los medicamentos; muy importante es que si por favor lo pueden hacer de buena gana. Hazles ver que el doctor no es “mamón” por naturaleza. Algunos de esos endemoniados intratables fueron alguna vez almas blancas que entre tan difícil trato se perdieron en el camino, pero que pueden recuperarse. Negocia con ellos, si se trata de una Coca-cola, con gusto conseguimos cajas enteras, pero que jalen parejo. Ah, muy importante: déjales ver a las del turno nocturno que no hay ningún impedimento físico o psicológico para que un paciente sea transfundido en la noche; que hagan su esfuerzo y vayan por las bolsitas de color rojo que no nada más le gustan a los vampiros, son vida para muchos pacientes, y la urgencia no reconoce horarios. Créeme que con esto traerás más felicidad a muchos, que con mil juguetes.

A los de laboratorio, que tomen los exámenes que estaban programados desde un día antes sin buscar pretextos para no hacerlo. Si alguna solicitud tiene un error, que la pidan al médico en turno nuevecita, sin arrugas y con la tinta que prefieran; que no sean groseros con los médicos jóvenes que están haciendo su internado y que inocentemente van a pedir que un examen sea procesado de manera urgente. Diles que no se nos ocurre, se requiere, y que si por nosotros fuera, estaríamos viendo la tele, leyendo, o chateando en lugar de estar sacando sangre interminablemente. Sí, el color rojo es muy bonito, pero nos gusta más que nuestros pacientes estén estables. Y cómo olvidarlo: si procesan una muestra, que la suban al sistema, y que si no la suben, que se la impriman al familiar que mandemos por ella, nos ahorrarían una vuelta innecesaria. Explícale que si fueran exámenes ultra secretos de la KGB o la CIA entendería su constante renuencia y exigencia de que un médico vaya por los resultados, pero no aplica para una humilde biometría hemática, que hasta debajo de las piedras existe. Que ayuden a eliminar el constante deseo de ponerles una bomba de hidrógeno en su recepción.

A los camilleros y a los intendentes, que no le hagan al cuento, pues es de sobra conocido que aunque muchos sí trabajan, otros demuestran grandes habilidades en las partidas de dominó y otras actividades en los vestidores, piérdeles una ficha y regrésalos al buen camino para que lleven a los pacientes a quirófano y a los estudios; ándale, y te dejo más galletas.

Antes de llegar con las asistentes médicas, cómprate un kilo de peras y otro de manzanas, para ver si a ti sí te entienden del porqué hay que pasar temprano a los pacientes desde urgencias hasta piso, y no tener que esperarse hasta las 3 de la mañana para romperle a los becarios no solo el horario, sino también la madre. Te dejo voucher abierto en el supermercado.

A los familiares no les traigas celulares nuevos, ni ropa nueva, mejor tráeles onda, mucha onda, para que la agarren, y dejen de estar yendo con el director de las clínicas a cada rato para (según ellos), agilizar la atención de sus pacientes. Hazlos conscientes de que solo generan problemas, y empeoran situaciones ya delicadas de por sí por la gravedad de sus enfermos. Entéralos de que lo que tanto les preocupa, la mayoría de las veces pudo haberse evitado, y que el médico es el menos culpable; invítalos a canalizar su estrés de otra manera, sé que puedes. Jala y te compro otro litro de leche.

A los médicos internos, hazlos entender que tienen que estudiar, y no nada más embriagarse y padrotear, y que no deberían de faltar a las guardias de navidad y de año nuevo, aunque tampoco puedo culparlos de su tan poca disposición, puesto que su departamento de enseñanza exprime a los que trabajan y a los irresponsables los premia. Diles que el miedo del que hoy carecen el ENARM se encargará de despertarlo, y tal cual gremlin, multiplicarlo (y sin agua); más de alguno se lamentará de no haber aprovechado su internado. Dales la humildad de aprender que aunque se sientan poseedores de las gemas del infinito, en realidad todavía no son tan imprescindibles en el organigrama de la medicina, les falta mucho, son unos pequeños inocentes médicamente hablando, de lo demás, no sé (a lo mejor no). No dejes que te embriaguen.

Con los directivos y jefes de servicio la tienes difícil, pero espero que esta Navidad con tus poderes mágicos les traiga la luz, (esa que me cortaron), para que dejen esta actitud de estar tomando decisiones con cualquier parte de su cuerpo, menos con el cerebro. Que dejen de ver solo números y tengan la congruencia de exigir en base a lo que le otorgan a sus trabajadores; que las todopoderosas supervisiones le den a las carencias físicas de las instituciones al menos la mitad de la importancia que le dan a un expediente clínico, y que comprendan que es mejor que se cuestionen porqué no sirve el tomógrafo y cómo han de resolverlo, que dejar notitas en las hojas de los expedientes diciendo que faltó el sello del médico y la firma del Papa Francisco.

A los radiólogos, que dejen de practicar el deporte que tanto dominan: que les valga un kilogramo de embutido lo que necesitamos los clínicos. Que entiendan que los que vemos a los pacientes somos nosotros y que si van a negarse a hacer un estudio, dejen su inmaculada firma en el expediente para que también carguen lo que les toca en caso de incendio, y que si no quieren trabajar tanto entre semana, siempre estará el turno de fin de semana de 12 a 16 horas en total, en donde entre estudio y estudio (pocos, en realidad), siempre podrán aventajar sus series de Netflix o los documentales de Youtube que tanto les gustan, o en el peor de los casos, divertirse con WhatsApp. Hazlos conscientes de que están en un hospital, y no en un cabaret; divas aquí no, por favor.

A los anestesiólogos, que no le hagan al Elvis, y que dejen su papel de esposo “cachado” en la movida cuando buscan cualquier pretexto para suspender las cirugías. Que lean las guías de valoración preoperatoria y que se convenzan al fin de que los tiempos de coagulación sin sangrados anormales no son necesarios para operar a alguien, que no le saquen.

A los cirujanos y a los traumatólogos, que operen, que acudan a las interconsultas y que la misma habilidad que muestran en las reuniones sociales y en el dominó, lo apliquen al abrir los cuerpos de los pacientes. Que se alejen de las notas curativas, y las sustituyan por las cirugías. Que el arte del peloteo pase a la historia, y que de su boca desaparezcan para siempre las palabras: “no es quirúrgico”.

A los de urgencias, que no la sigan amolando, que se aseguren de subir pacientes con vida y con oportunidad de atención, y no auténticas bombas de tiempo que tenemos que desactivar, sin poder distinguir los colores de los cables. Diles que junto a la asistente médica, han de formar el equipo más esperado en la historia de la medicina, y suban temprano a piso a los pacientes, que tengan de nosotros lo que con Jesucristo no tuvieron los romanos: piedad.

Al médico general, dile que estudie, que se prepare, y que si no sabe cómo hacerlo, que pregunte; que no se deje arrastrar por la concepción actual de que su trabajo no vale tanto como el de otros o de que no sabe absolutamente nada, que se dé su lugar, porque si él no lo hace, nadie lo hará. Que si alguien los desprecia, anulen la afrenta con el dicho: “Botellita de jerez…”.

Y por último, a los internistas, que lean lo que deban, y apliquen lo que aprendan, dejando atrás la mala costumbre existente de que cada quien recete lo que quiera, (mientras la medicina basada en evidencias yace guardada en un cajón), haciendo que muchos pacientes se curen a pesar del médico, más que gracias al mismo; que no dejen de ver las interconsultas, y que dejen de fantasear tanto con la medicina y la hagan más terrenal. Que salvaguarden su especialidad y la defiendan con honor de esa tendencia destructiva de subestimación y menosprecio que se desprende a cada momento de las jefaturas de las instituciones, cuando dejan que medicina interna como un depósito de basura que nadie desea reciclar, porque siempre, de alguna manera medicina interna se las arregla.

Espero que recojas mi carta, y me cumplas si no todos, al menos algunos de mis deseos, y si de plano no puedes, aunque sea ayúdame a sacar la guardia del 25, no hay que ser.

Cuídate, y por favor maneja con cuidado; si tienes un accidente no habrá quien te atienda en estos días festivos que ya vienen.

Un abrazo.

Dr. Luis Enrique Zamora Angulo (el Dr. Humano).

Posdata: Feliz navidad.

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