dom. Abr 21st, 2019

ENARM: ¿Si no te acepta el hospital que quieres, entonces qué?

Cuando pensabas que aprobando el ENARM, lo tenías todo, pero no…

Primero que nada, si aprobaste el ENARM, te felicito. Si estás por presentarlo, estoy seguro que este post te ayudará, porque tan cierto como que el sol estará en el cielo mañana, es que este será un dilema al que se enfrentarán muchos: que el hospital en el que deseabas cursar tu residencia no te acepte.

Sé realista: por la razón que quieras (política, influencias, o simplemente porque en un proceso justo de selección de la institución hubo otro aspirante que consideraron mejor que tú), no habrá lugares para todos. Esto crea entonces la disyuntiva de si es mejor aspirar a los consagrados hospitales del país, donde la competencia para entrar es más reñida, y correr el riesgo de quedar fuera, o mejor decantarse por un hospital de más bajo perfil donde habría más posibilidades de ingresar directamente y evitar la desgastante segunda y la tan temida tercera vuelta, esta última caracterizada porque en ella están los lugares que casi nadie quiere.

Casi todos desean quedarse en las ciudades más representativas del país, empezando por las capitales; tras ellas, quedarán ciudades de menor tamaño, y al último lo sitios más recónditos y muy poco deseados por su escasez para disponer de un vuelo o peor, que sea una tierra conocida por su inseguridad, (estoy seguro que tienes en mente un par de lugares con estas características).

Ayer o anteayer me llegó un tuit cargado de impotencia que escribió un médico, en donde amargamente se quejaba de que ninguna institución lo aceptaba (obviamente había aprobado el ENARM), llegando a recomendarles a los potenciales interesados, que mejor no estudiaran medicina.

Al médico lo entendí perfectamente, porque todos hemos experimentado la misma sensación en algún punto de nuestra vida, sin tener necesariamente que ver estas emociones con la medicina. Es una rabia que te invade, coraje, porque después de haberte probado a ti mismo y a todos que pudiste con el ENARM, sigues batallando, luchando, persiguiendo un lugar, exponiéndote al rechazo institucional, como si te estuvieran haciendo un favor, y que cuando logres ser aceptado, acabarás con altas probabilidades, en un lugar que no era el soñado, lejos de casa, y recibiendo la tan discutida beca que para las horas de trabajo y la carga emocional que implica la medicina, es poco (díganme lo que quieran, pero 3 turnos y medio cada tercer o cuarto día recibiendo en promedio 10,000 pesos mensuales es nada). A este dinero quítale la renta, los gastos diarios, comer fuera, mantener el internet (desde hace años ya una necesidad más que un lujo), y los gastos que se van acumulando a lo largo de estos 3 o 4 años (muchos se harán de un coche, por ejemplo, con sus respectivas mensualidades fijas, otros tendrán familia), hacen muy difícil estudiar la especialidad.

Por eso, al médico que me escribió y a ti, si te llegas a encontrar en la misma situación, les digo lo siguiente: Ante el alud de desafortunados y adversos eventos, vas a tener que reordenar tu pensamiento, y empezar a ver el vaso medio lleno, y no medio vacío, porque si insistes en hacer esto último, te juro por todos tus ancestros que vas a tener elementos de sobra para sustentar todas las emociones negativas que te invaden y acabarás rebasado y aplastado. Satanizarás cada minuto de tus años por venir y renegarás de tu suerte, viendo la residencia como un castigo y un infierno. En pocas palabras serás desgraciada, o desgraciado.

Tu primer punto en partida tiene que ser entender que la vida es así, porque no hay riqueza suficiente para repartirse equitativamente en lo que al ENARM se refiere. Es difícil, y como lo dijo Rocky Balboa (uno de mis ídolos): “el mundo no es nubes color de rosa ni es un arcoiris; es un lugar horrible y apestoso que te pondrá de rodillas y te dejará ahí si se lo permites”. No se lo permitas entonces. Si sabes lo que vales lucha por lo que mereces, pero entiende que ese valor no depende de si te aceptan o no en un lugar, porque esas instituciones también tienen sus fallas, y pueden estar dejando escapar a alguien con mucho talento y dedicación sin darse cuenta. No es nada más lo que te ofrecen ellos, sino también lo que tú puedes ofrecer. Si no te aceptaron, ya está, no hay más que hacer, vuelta a la página y a seguir buscando. Mantén en tu cabeza que lo más probable es que no te acepten porque hay menos lugares que aspirantes (son matemáticas puras), pero no des el salto a pensar que la vida es miserable, porque te diré una cosa: Pasaste el ENARM.

Y es que piénsalo: estás en un lugar que miles de médicos desean. Imagina lo que darían por estar ahí. Unos van a buscar ese boleto por primera vez, y otros ya lo han intentado sin tener suerte; como sea, estoy seguro que de alguna forma y de buena manera, eres admirado, ¡estás en la especialidad! Todo, absolutamente todo lo demás es negociable. Si no lo ves así, lo respeto, pero es momento de pensar en absolutos y nada de lo que te está perturbando hoy sería posible sin haber superado ese obstáculo. ¿Preferirías estar del otro lado, pensando en iniciar nuevamente el proceso de estudio? no lo creo. Bueno, yo no.

Está bien, no es el hospital que deseabas, está más chico, menos bonito, hasta te parece un rancho, porque soñabas con algo parecido a donde hiciste el internado (quizás), o a lo que has visto en la televisión, en esos hospitales de tus series favoritas; tal vez ya hasta te veías con el cabello rubio pasando visita y hablando en inglés, pero las cosas no te salieron como esperabas. Déjame decirte entonces que no todo depende de las instituciones nada más. Es completamente cierto que los procedimientos y las grandes proezas de la medicina se llevan a cabo en los hospitales de tercer nivel, pero el común de la medicina en cuanto a padecimientos es lo mismo en todas partes. Cuando hagas subespecialidad este dilema adquirirá otra dimensión, pero mientras, tienes que cursar la que será tu área definitiva o el salto a la subespecialización. Si en tu hospital tienes mucho trabajo sobre lo que te compete, no necesitas más por el momento, aprende de tus pacientes, practica y estudia.

Respecto a la enseñanza, concuerdo en que en hospitales referentes se es más estricto en las formas y la calidad de las actividades académicas, lo cual está bien, porque así debería de ser en todas partes, aunque en el mundo real y dependiendo del lugar de trabajo en donde cada quien ejerza, muy probablemente las formas se modifiquen para poder terminar a tiempo, aunque el trasfondo sea el mismo en cuanto a cuotas de calidad, pero si no te tocó, tampoco pierdas la cabeza, al final puedes ser tan exigente contigo mismo como lo serías en el otro hospital.

Más que una institución, muchas veces conocer a un gran tutor te cambia la vida. Puedes aprenderle mucho, y no nada más de medicina, y esos no solo habitan en los grandes hospitales. El conocimiento es universal, y es de quien lo busca. Hay tan grandes médicos y maestros egresados tanto de universidad pública, que de privada, o de la Capital, o de provincia.

Tal vez el hospital al que fuiste asignado te necesita, requiere lo que tengas para darle en cuanto a disposición, trabajo y personalidad. Nunca subestimes lo que puedes aportar. Muchas veces en un hospital de menor envergadura empiezan los grandes cambios de nuestras vidas. Mi internado fue hecho en el Hospital General deLos Mochis, una ciudad más pequeña que Culiacán, donde nací (así es, soy de Sinaloa, aunque el acento lo haya extraviado con el tiempo), y la residencia me tocó hacerla en el Nuevo Hospital Civil de Guadalajara, en donde tuve la suerte de ser seleccionado.

No desprecies la ciudad en la que vivas, conócela, explórala, porque tal vez al terminar, nunca vuelvas a pisarla. Disfrútala. Si vives en Tamaulipas o Tijuana tienes Estados Unidos a tu alcance, o si te tocó estar en Chiapas, qué te puedo decir, estarás de vacaciones permanentes. En ti está disfrutar las cosas que la vida te ha puesto en el camino. Esta cambia en un segundo; no sabes si esa soledad en la que estés te haga reflexionar y esa reflexión traiga grandes cambios en tu vida. Tal vez decidas si harás o no la subespecialidad; tal vez sabrás en dónde quieres vivir al finalizar; tal vez se te presente una gran oportunidad de trabajo, o tal vez conozcas a alguien muy especial. Las variables son múltiples.

Por último, te diré una frase que raya en el más grande empirismo y abstracción, apoyado en los años de vida que tengo y en la experiencia acumulada hasta este momento, viendo en retrospectiva mi vida y mi mundo, y el de muchos que junto conmigo han recorrido este largo camino: Las cosas, (TODAS) siempre suceden por alguna razón (ojo, no estoy hablando de Dios), siempre. Seguramente muchos no encontrarán consuelo en esta frase, pero los que hemos pasado por donde tú estás hoy, sabemos que si muchas de las circunstancias o decisiones que tomamos hace ya muchos años hubieran sido levemente modificadas, no estaríamos viviendo este presente, tú y yo no nos hubiéramos encontrado, y no estarías leyendo este blog.

Prometo que algun día te contaré su historia, y entonces me comprenderás.

Mientras tanto, haz lo mejor que puedas con lo que tienes, y valora lo que has obtenido, porque tu trabajo te ha costado, y porque muchas veces el esfuerzo depende de ti, pero los resultados ya no.

Doctor Humano.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2018 Luis Zamora Angulo

¡Si te gustó comparte!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *