lun. Jun 24th, 2019

¿Especialidad médica? ¡No gracias!

La especialidad: eso con lo que la mayoría de los médicos alucinamos. Andamos y vivimos pensando en ella, y soñamos despiertos con un futuro en donde somos especialistas, (clínicos o quirúrgicos), y por supuesto, subespecialistas.

La semana pasada, reflexionando lo que he hecho en internet, en mis espacios (ocurre frecuentemente), recordé por alguna razón, una conversación que tuve vía inbox, con un médico en mi Fanpage de Facebook, hace ya aproximadamente 1 año. Muchas personas a lo largo de cada mes me escriben, unas para felicitarme por mi esfuerzo divulgativo y orientativo (aunque no lo creas, me sonrojo), lo que agradezco enormemente, y otras para preguntarme algo puntual sobre alguna enfermedad (ya sea les esté sucediendo o no); a estas alturas ya estoy familiarizado con ambos escenarios, pero que me pidan mi opinión para ayudarles a resolver un dilema personal relacionado a le medicina, toma otra connotación, pues de alguna forma a través del internet se sienten en confianza para abrirse y exponer algo que los aqueja personalmente, y sobre esto, trato de responder a ello de la mejor manera que puedo.

El nombre del médico no lo recuerdo, pero si lee este post seguramente sabrá que hablo de él. En un mensaje algo largo, me contó que desde hace algunos años se había quedado a trabajar en el pueblo a donde había llegado a hacer su servicio social, sitio en donde a la postre se casó y tuvo al menos un par de hijos. Gracias al buen trato con la gente y su disponibilidad, como médico general tuvo un gran éxito, y además de la gente del pueblo, era reconocido más allá de estos límites, por lo que también de las comunidades circunvecinas, venían a solicitar sus servicios. Con el tiempo, (si mal no recuerdo), me dijo que había montado una pequeña clínica con su respectiva área de urgencias en donde nebulizaba, y atendía pacientes a cualquier hora; su ingreso mensual era bastante bueno; su edad debería de haber andado entre 35 y 40 años, y dentro de todo esto que te describo, el problema era que no se sentía pleno. (¿Te suena esta situación familiar?)

Como casi todos, tenía la idea de hacer una especialidad médica tras el servicio social, pero se le presentó la oportunidad de trabajar en ese lugar y lo que siguió, fue lo que ocurre muchas veces cuando los planes originales los dejamos un rato en la congeladora para aprovechar otras oportunidades: Nos metemos tanto en la nueva aventura que de repente, un buen día somos conscientes que el tiempo ha sido implacable y ha avanzado muy rápidamente. Él se encontraba en una edad y momento de desarrollo profesional en donde si quería ser especialista tendría que dar marcha atrás en muchas cosas. La piedra de los sacrificios siempre estará disponible para cuando quieras algo, así es la vida.

Fue la primera vez que alguien me había preguntado algo parecido. No estoy seguro de cuánto, pero tardé en contestar; realmente lo pensé, preguntándome qué haría yo si estuviera en la misma situación: por un lado, los sueños originales, y por otro, la abundancia actual que rodeaba su realidad.

Finalmente, traté de ser lo más ecuánime posible, y esta fue mi conclusión, por cierto, no tan fácil como pudiera parecer:

Primero, fui frío con los números, y resalté lo más evidente de todo: sus ingresos mensuales eran muy buenos, mejores incluso que muchos especialistas y todos los médicos generales que hasta ese momento yo había conocido. Toda esa plenitud económica se iría directo a la congeladora o a la alcantarilla si entraba a la especialidad, donde durante los próximos 4 años (suponiendo que no quisiera buscar una subespecialidad), estaría ganando menos de 15,000 mensuales, de los cuales habría que invertir en los gastos fijos de su estancia en la ciudad donde estuviera estudiando y al mismo tiempo sostener a su familia. El panorama económico no era nada alentador, los tiempos difíciles, asegurados.

Pero dejar a la gallina de los huevos de oro por un sueño es una cosa, y que te esté esperando para cuando regreses es otra. Había sido pionero en ese lugar para emprender su negocio, y había tenido la visión suficiente para expanderse y hacer más rentable su ejercicio como médico general, el camino estaba señalado. Con 4 años de ausencia, alguien más podría ocupar su lugar y rentabilizar lo que él inició. Este hecho, es por naturaleza, inevitable.

En tercer lugar, la edad. Calculé que tendría en promedio unos 40 y 42 años para cuando terminara la especialidad, lo que habría recortado en promedio 10 años su carrera como quirúrgico que tiende a ser menos longeva que la de un clínico, y peor si contemplaba hacer neurocirugía. En mi caso, contemplando las cosas casi desde los 40 años, y ya ejerciendo, empezar a esa edad a labrarte un camino como médico se antoja difícil. Tal vez la etapa dorada de la profesión médica en cuanto a la generación de ingresos sea entre los 40 y los 60 años, (aunque puede variar), pero lo cierto es que indudablemente esta etapa se recortaría a la mitad, por cuestiones de edad. Puede haber variaciones y tener más oportunidades dependiendo del círculo en donde te desenvuelvas una vez egresado, pero la experiencia nos indica que esto no es lo más frecuente. Te estás jugando todo a una posibilidad de éxito complicada combinada con la certeza de perder todo lo he tenías como médico general en una etapa laboral avanzada y muy productiva. Desde mi punto de vista, es una mala jugada.

Por último, y no menos importante, aunque de menor envergadura que las otras 3 variables, la inevitable pérdida del conocimiento y experiencia adquiridos en la residencia médica. Es cierto, es innegable: esos años te cambian el enfoque de la medicina, te curten, te preparan precisamente para ser especialista. Diría yo que entras a la etapa adulta de la carrera, y abre el panorama para otras cosas que la medicina general no te puede dar, porque puedes aprender muchísimo como médico general, pero el aprendizaje se torna más lento, el proceso de maduración se torna autodidacta, y aunque se alcanza el crecimiento necesario que te diferencia de los demás, en la residencia sobran guías o tutores que muestran un camino a seguir, (o un camino que no), el crecimiento académico es más natural. El médico general debe de adecuarse a su entorno, y como todos, conocer sus áreas de oportunidad y sus limitaciones (todos las tenemos), para explotar al máximo sus posibilidades, pero bueno, ese tema lo tocaré en alguna otra ocasión.

Consideré que si se era consciente de ello, más valdría entonces maximizar sus habilidades para seguir explotando su nicho laboral, (que ya había desarrollado la plenitud) mediante diplomados que avalaran un nuevo servicio, como por ejemplo, la ultrasonografía, o alguno enfocado a diabetes, cualquiera que lo capacitara para realizar otro procedimiento que le hiciera más rentable su consulta.

Por eso concluí que la especialidad en su caso, no me parecía ya una buena opción, partiendo por supuesto del éxito económico que había alcanzado, la nula competencia que había en sus alrededores, y la etapa de la vida que estaba viviendo, hijos incluidos.

Porque la gente entra en conflicto con lo que es, cuando sigue añorando lo que pudo ser; sufre cuando se cursan las etapas iniciales de la decepción de aquello que siempre deseó pero que no ha conseguido; sufre al ver que se van muriendo sus oportunidades una tras otra, pero aún considera que está a buena edad para empezar. El desfasamiento de los sueños con la realidad, duele y cuesta mucho. Una vez alcanzado este desprendimiento, el sufrimiento puede ser más llevadero y a futuro tal vez, hasta darnos cuenta de que nuestros sueños iniciales no eran lo más indicado para nosotros, pero mientras, no.

La vida es un viaje de ida, en donde ocasionalmente, se tienen que tomar decisiones muy difíciles. Está llena de sueños que conviven con nuestra realidad.

Y lo mejor para esto, es soñar frecuentemente, pero ser realista siempre.

Dr. Luis Enrique Zamora (Dr. Humano).

Posdata: el médico estuvo de acuerdo, y se quedó más tranquilo.

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2 pensamientos sobre “¿Especialidad médica? ¡No gracias!

  1. Dr. lo sigo desde hace tiempo, y una de las razones, es porque creo que es muy sincero, y más que eso, porque creo que es objetivo. Soy médico general, y aunque me costó mucho trabajo ir en contra de lo que mis papás, querían para su hija, o lo que mis maestros, compañeros, étc, me decían, hoy en día les he demostrado que hay más cosas que la especialidad, sigue siendo difícil luchar con los paradigmas, pero a final de cuentas, no es la especialidad ni la medicina general, sino que siempre hagamos lo mejor en lo que decidamos hacer, hasta para vender chicles siempre hay que tratar de ser los mejores y siempre buscar estar actualizado y con esa sed de conocimiento que desde mi punto de vista, cualquier médico debe tener. Saludos Doc.

    1. Brenda, gracias por tu comentario. La medicina es un gran viaje de ida (a mi parecer), y como la vida que vivimos también es única, hay que vivir lo mejor que se pueda pero también ser felices. Lo maravilloso de la existencia es que el ser humano es muy complejo y por ello tiene múltiples caminos para alcanzar el éxito, que no necesariamente es económico (que si sí, qué mejor) ni depende de algún grado académico, todo depende de cada persona.

      Te agradezco que me consideres honesto, te aseguro que eso trato, todo el tiempo.

      Un abrazo y por aquí te espero.

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